Julio Cortázar estaba invitado. Pero no pudo acudir. Desde París había enviado una carta manuscrita a Marita Frau, que dirigía el Centre d' Estudis Gabriel Alomar y participaba en la organización de aquel evento. Guardo una fotocopia de esa carta entre las páginas de Rayuela. "Mi salud no es buena y de ninguna manera puedo comprometerme ahora a asistir al encuentro del mes de marzo" escribía con letra menuda pero totalmente legible. La carta esta fechada en Paris, el 22 de septiembre de 1983 y el 'encuentro del mes de marzo' al que aludía Cortázar eran las Jornadas Latinoamericanas que se celebraron en Mallorca en marzo del año siguiente. Murió un mes antes pero fue, igualmente, su gran protagonista.
El otro protagonista fue Ernesto Cardenal, que ha muerto este 1 de marzo de 2020. Le vi entrar en el Teatre Principal de Palma, donde se inauguraban esas jornadas que pretendían debatir el presente y futuro de la cultura latinoamericana. Era una iniciativa del Centre d'Estudis Gabriel Alomar, de la Universitat de les Illes Balears y de la emisora Radiocadena Española que, para entonces, emitía en Mallorca una programa llamado V Centenario.
Era por la tarde. Quien entonces estaba hablando sobre el escenario del Teatre Principal (no sabría decir, con seguridad, si se trataba de Eduardo Caldarola, un argentino que para entonces se movía mucho por Palma) interrumpió lo que estaba diciendo para anunciar que Ernesto Cardenal -que además de cura, poeta y revolucionario era ministro de Cultura de Nicaragua en aquella época- acababa de llegar. Y recorrió lo que va de la entrada de la sala al escenario. Bajito, sonriendo, cogiéndose una mano con otra y levantando luego ambos brazos unidos por las manos a modo de saludo mientras avanzaba entre aplausos.
Le vi desde un palco del Principal, muy arriba. Y quizá por eso me pareció tan bajito. Si estaba yo allí es porque (además de apetecerme mucho) me habían encargado en el diario Baleares que estuviera allí. No me lo podía creer. Y, menos todavía, que vería entrar a Ernesto Cardenal y que éste nombraría a Julio Cortázar. Y tampoco me podía creer que, otro día, estuviera delante de Cardenal cuando dijo que no tendría ningún inconveniente en que los Estados Unidos enviaran observadores a Managua para las elecciones siempre y cuando Nicaragua pudiera enviarlos a las presidenciales de noviembre de aquel año.
Volví encantado al periódico, que agotaba sus últimos tiempos como diario del Estado. A Jaime Jiménez, que era el redactor jefe, le hizo gracia mi entusiasmo y que, prácticamente, me ofreciera voluntario para cubrir aquel evento que duró varios días. Y le dio por llamarme sandinista y Sandino. Luego, por abreviar, se quedó en Sandi. Y todo el mundo empezó a llamarme así. Cómo me dio por sustuituir la i latina por una griega al escribirlo, no lo sé. Pero ahí sigue, desde entonces hasta ahora, 36 años después.
Aquellas Jornadas Latinoamericanas reunieron en Palma a un nutrido grupo de escritores, escritoras y representantes políticos. No sólo Ernesto Cardenal. También Oswaldo Soriano, Nélida Piñon o Roberto Fernández Retamar. Te podías cruzar con cualquiera y preguntarles directamente. El cubano Fernández Retamar, que era muy alto, casi me fulmina con la mirada cuando le pregunté por algo que había dicho el poeta disidente Valladares. Recuerdo que le llamó 'la cosa Valladares'. Entonces, como ahora, yo metía la pata. No puedo ocultar por más tiempo que en alguna información de aquellos días escribí que en la clausura intervendría Maria Helena Olivares a la que me referí como 'cantautora' en vez de como soprano colombiana.
Ha muerto Ernesto Cardenal. Y yo he recuperado una parte de mi memoria de estos tiempos para guardarla, entre otros recuerdos, en esta 'caja de cosas'.
lunes, 2 de marzo de 2020
sábado, 26 de octubre de 2019
Una historia con Franco
La mañana del
jueves 20 de noviembre de 1975 uno de los tres diarios que se editaban en
Mallorca llegó a los suscriptores y muchos quioscos sin el titular ‘Franco ha
muerto’. Era el Baleares, que editaba la cadena de periódicos del
Movimiento. 44 años después, pasado el segundo entierro de Franco, puede ser un buen
momento para recordarlo.
El Baleares
es parte de mí. Me metí en esto, y ya lo he contado alguna vez, gracias a un veterano de aquel periódico. Y
fue mi escuela, tanto en su última etapa como diario del Estado a pocos meses
de su subasta (gobernaba ya el PSOE) como cuando lo compró Pedro Serra.
Tenía 21 años
cuando me sumergí en la historia del Baleares. Fue una locura de Heliodoro
Muñoz, un maestro de primaria que era entonces
su director (Franco llevaba ya casi diez años enterrado en el Valle de
los Caídos) y que me encargó rebuscar en toda su historia, desde 1939 hasta
entonces.
Heliodoro
Muñoz echó mano de mí porque había que publicar un suplemento especial por el
cierre de una época y en el periódico se vivía lo más parecido a una guerra
entre periodistas de la vieja guardia y jóvenes rojos comunistas y asamblearios
que pensaban que el futuro del diario, tras liquidar la cadena estatal de
medios del Estado, no pasaba por su venta o su subasta sino por una cooperativa
de trabajadores libres e iguales. No se fiaba de nadie para contar la historia
y allí estaba yo, un recién llegado, entre dos fuegos.
Aquel
encargo, además de para bucear entre las páginas de papel de 45 años del periódico,
me sirvió para entrevistar a tres de sus exdirectores: Francisco Javier
Jiménez, Antonio Colom y Antonio Pizá.
Jiménez
intentó convencerme de que la censura no fue tan fiera como la pintaban y de
que se la podía esquivar. Me explicó que las ‘consignas’ eran del tipo
“destacar esto”, “no airear mucho lo otro” y cosas por el estilo. Me dijo que
en su época se llegaron a editar 27.000 ejemplares entre semana y 33.000 los
domingos. Pero me quede con su consejo al despedirnos: “Si puedes, continúa. Es
la profesión más bonita del mundo”.
Me sorprendió
mucho Antonio Colom. Era un falangista que, en 1947, quitó el yugo y las
flechas de la cabecera del periódico aunque luego hubo que reponerlo. “Me
acusaron de traidor a la Falange y me echaron”, me dijo. Al parecer, en uno de esos
enfrentamientos entre falangistas, el general Muñoz Grandes se hizo con la
secretaría general del Movimiento y se dio vía libre a que algunos diarios
probaran una suerte de ‘apertura’ que pasaba por retirar símbolos y evitar
utilizar la palabra ‘camarada’ en informaciones y editoriales. A Muñoz Grandes le relevó al poco tiempo
Raimundo Fernández Cuesta. Y Colom, o eso me contó, recibió un telegrama de
manos del jefe provincial del Movimiento, Pardo Suárez, con su destitución por
traidor. Colom se jubiló en Diario de Mallorca.
La
conversación más peculiar de todas fue, sin embargo, la que tuve con Antonio
Pizá, director del Baleares cuando murió Franco. A Pizá se le atribuye el
momento de más brillantez del periódico y se le tiene como su gran renovador. Volvió a quitar el yugo y las flechas de la
cabecera (era ya 1974) pero apenas pudo digerir la muerte del dictador pese a
sus esfuerzos por adaptarse a los nuevos tiempos políticos.
“Mucha gente
empezó a preocuparse al ver aparecer hoces y martillos por las páginas del
periódico pero, por otra parte, nunca se escribió nada ofensivo a Franco y su
régimen aunque tampoco nada que lo perpetuara. Lo que no hice fue entregar el
periódico a la UCD ya que la prensa debía ser del Estado y no del Gobierno.
Tuve por ello serios problemas hasta que decidieron dedicarme a otra cosa. Y
acepté de buen grado porque dirigir un periódico era una lata”, me contó y yo
recogí. Pizá detallaba cómo iban
llegando jóvenes periodistas al diario y él les dejaba hacer. “Hasta me dijeron
que tenía una de Bandera Roja”, añadió.
De Pizá se
acuerda sin duda Rafael Maldonado Ramos, un jovencísimo periodista andaluz al que yo
conocí bastantes años después. Tenía guardia en el Baleares el 20 de noviembre
de 1975. Había llegado unos meses antes, después de que cerrara La Tarde de
Málaga, también de la cadena del Movimiento. Estaba pendiente de que le
llamaran para la mili y su novio vivía
en Madrid. Era un joven de izquierdas al que
habían enviado a Mallorca al turno de noche del periódico. Su trabajo consistía
en recortar y titular teletipos.
Sólo un
periodista solo (él) había en la redacción cuando llegó por teletipo, la noticia más
esperada. Hacía ya unos días que se había establecido un turno de guardias en
previsión de lo que pudiera pasar. Es decir, que Franco muriera. Naturalmente,
como periódico del Régimen, el Baleares tenía que ser el que llevara la
información oficial más completa. Todo atado y bien atado, según el lema de la propaganda acuñado para cumplir
con las, también propagandistas, ‘previsiones sucesorias’. A la
una de madrugada, Maldonado tomó el relevo del último periodista (uno de
los veteranos) que se fue de la redacción, donde quedó la portada ya lista . Su titular,
a toda página, era ‘Sólo nos queda rezar’. Es lo que había comentado un
jerifalte del Régimen, el teniente general Iniesta Cano, al salir del Hospital
de La Paz donde Franco agonizaba. No
consiguió (o eso me explicó) que nadie de la dirección se pusiera al teléfono cuando llegó la noticia. “Se me
ocurrió bajar al taller para que pararan las máquinas y como yo era un pringao,
ni puto caso, y salió la tirada a la calle”, me contó muchas veces. Nunca
olvidó aquella noche y le he recordado en estos días de informaciones instantáneas del segundo entierro de
Franco.
Cuando logró
contactar ya había amanecido y los diarios estaban en la calle. Hubo que
retirar los ejemplares y hacer otra edición; ésta sí con la noticia de que Franco había muerto.
Aquel día, compré por primera vez un periódico. Era la Ultima Hora, su segunda
edición. Y el titular, 'Arias lloró’.
lunes, 12 de noviembre de 2018
Rosebud (Una aproximación a Pedro Serra)
Empecé a
llenar esta caja de cosas sabiendo que, tarde o temprano, tendría que meter
a Pedro Serra. Y sabiendo, también, que
antes de mostrar su contenido íntegro tendría que dejar pasar el tiempo o
hacerlo poco a poco. Pedro Serra murió el 2 de noviembre de este año; desde entonces se han publicado artículos de
quienes le conocieron y, aunque no vaya a resultar una empresa fácil, ya no puedo resistirme a
compartir una primera aproximación sobre una figura clave en el
periodismo balear y en el modo de entender éste y su relación con el entramado
de la política y de la cultura. Y, también, sobre lo que significa el poder y cómo ejercerlo. Hala pues, como dirían en Aragón.
El domingo
siguiente a la muerte de Pedro Serra me pasé por la exposición de los 125 años de Última Hora que, coincidiendo
con ese aniversario del periódico, ha estado abierta en el Museo de es
Baluard. Quería verla en soledad, con la
mayor tranquilidad posible, sin prisas ni protocolos cargantes (días atrás la
habían visitado los Reyes) y, entre paneles, portadas, vídeos, fotografías y
otros elementos relacionados con la historia del diario, intentar captar (quizá) alguna voz que diera respuesta a la primera
pregunta que habría planteado yo a Pedro
Serra de haber tenido ocasión de hacerle una entrevista en profundidad: qué, o
quién, fue su Rosebud.
‘Rosebud’,
lo último que dijo Charles Foster Kane, trasunto del magnate de la prensa
estadounidiense William Randolph Hearts.
Rosebud, el trineo que el Ciudadano Kane dejó abandonado en la nieve en su
infancia y que, según la secuencia final de la película de Orson Welles,
terminó consumiéndose en el fuego sin que nadie tuviera tiempo a
rescatarlo y descifrar su mensaje. No hallé respuesta en es Baluard pero hay un
libro que arroja algo de luz y que vale
(o a mí me lo parece) para tirar del
hilo que puede conducir a algo parecido a lo que pudo ser y dónde quedó su Rosebud, que yo creo que tiene que ver
con Sóller. Estoy hablando de un libro
de Francesc Bujosa. Se titula En diàleg
amb Pere A. Serra (Lleonard Muntaner Editor, Palma 2001) y se fundamenta en largas conversaciones entre ambos. Las primeras páginas se centran en la niñez y hay un momento en que, los dos, dialogan
sobre los árboles. Pedro Serra (PS) le cuenta que a él siempre le han
gustado y que le emociona pensar que ya
daban frutos en la época de sus antepasados (curioso, tengo que comentárselo a
Pepe Massot, que ha titulado su
biografía de Joan Miró, ‘El niño que hablaba con los árboles’). PS, en esas
primeras páginas, también detalla que
otro recuerdo de su infancia es cuando cogía
anguilas de los torrentes. Explica
cómo se llevaba animales vivos a casa y Bujosa, echando mano del
psicoanálisis, le pregunta si no estará en esa afición de la infancia , reunir animales vivos, lo
que le llevó luego a ser coleccionista de arte. Y no lo plantea Bujosa, pero
quién sabe si también de artistas y de
sus historias.
De esa parte
del libro, que anoté y subrayé en su momento, lo que no he olvidado es la
reflexión de PS sobre el Myotragus balearicus,
cabra u oveja balear, especie
endémica de las Islas que desapareció hace miles de años, posiblemente (según
una tesis que PS da por buena y que me
parece fascinante) cuando intentaron domesticarla. Es una historia muy bonita,
que me ronda la cabeza desde que la leí, y que me da mucho que pensar. Igual
que una obra de teatro, El okapi –de Ana Diosdado, estrenada en 1972-, que incide en eso mismo y cuenta la historia
de un vagabundo conocido por Okapi (como la
jirafa del Congo que no puede
vivir en cautividad) y que, después de un accidente, va a parar a un asilo donde muere porque no soporta el encierro. Las dos historias, la del myotragus y la del
okapi, me acompañan siempre ya que tengo muy claro que el día que te dejas domesticar en tu vida
privada o en el trabajo - y desde luego en la profesión de periodista- estás muerto.
Bueno, que me
he ido por las ramas. En lo que yo estaba, y supongo que todavía estaré un
tiempo, es preguntándome qué o quién (una persona, un objeto, una idea, una apuesta o un
sentimiento) fue su Rosebud. Pedro Serra definió una vez el museo de es
Baluard como “un almacén de recuerdos”. Lo contaba en una entrevista que le hicieron,
en 2004, a pocos días de la inauguración.
Recuerdo que toda la sección de Local y
Cultura de Ultima Hora se movilizó y que
yo me quedé, prácticamente solo, en la redacción. Era el nuevo. Meses atrás
había dejado El Mundo huyendo de Eduardo Inda, sin ninguna duda el peor
director de periódico que he tenido en mi vida. Era nuevo en Última Hora pero,
años antes, concretamente en 1986, me había ido
del Baleares, que Pedro Serra se
había adjudicado por 105 millones de pesetas en 1984
(al final de un proceso de subasta cargado de emoción y que todavía no
está contado del todo y al que también optó
la empresa editora de El
Día, que no tenía otro propósito
que cerrarlo) y fue entonces cuando hablé con él por primera vez.
Ya lo he
escrito alguna vez. Fue otro periodista,
Jaime Jiménez, el que me acompañó
a su despacho y le dijo que escribía
buenos artículos de opinión. Pedro Serra, tras la mesa (y previsiblemente
fumando un puro, pero no sé si eso fue exactamente así o lo he recreado con el
tiempo) abrió uno de los cajones y me dijo “ves, todo esto, son artículos de
opinión, me sobran, lo que yo quiero son noticias”. Y me encargó que fuera con
Pedro Prieto, reportero a quien yo tenía por experto en misses y
cotilleos, al puerto ya que había que informar de la llegada de un barco. El
primer paso era hablar con los prácticos. No tenía ni idea de qué era un
práctico. Fue lo primero que aprendí tras aquel encargo en Ultima Hora (aunque
yo trabajaba para el ‘nuevo ‘ Baleares); que existían unos tipos llamados
prácticos que, al parecer, jugaban un
papel decisivo para la entrada y salida
de los barcos.
Lo que no
había contado hasta ahora es otra conversación, de esas que te marcan y que
siempre me ha acompañado. Yo había regresado de una sesión del Parlament, que entonces celebraba plenos
por la tarde. Llegué a la redacción y ya estaba puesto el titular de lo
que yo tenía que contar, las fotografías y hasta los pies de foto, supongo que
siguiendo indicaciones ‘de arriba’.
Escribí el texto, me hice el ofendido (eso que se nos da bien en el
periodismo), musité esas palabras que nos asaltan de vez en cuando en estos
casos, léase dignidad y tal, y me
despedí diciéndole a Jaime Jiménez, que siempre ejerció de director a la sombra
del Baleares aunque no lo nombraran hasta 1989,
que dejaba el periódico. Jaime
me dijo algo así como “vale,
vale, muy bien niñín, hasta mañana,
descansa”. Y quedamos que, al día siguiente, iría a ver a Pedro Serra.
Aquella noche
me puse muy trascendente, como es lógico, y me hice una lista de ‘agravios’ en la que incluí,
cómo no, que estaba muy mal pagado. De hecho, el paso del Balears del Estado al
de la empresa privada, supuso la rebaja a la mitad de lo que llegué a cobrar.
En los últimos meses del Baleares que editaba Medios de Comunicación Social del
Estado me habían pagado una cantidad que resultaba escandalosa para un
principiante ya en aquella época. Como iban a subastar el diario, y previsiblemente cerrarlo, su último director, Heliodoro Muñoz, nos
había hecho un contrato de seis meses a tres jovencitos que pensábamos que nos
comeríamos el mundo, uno de ellos mi amigo Mateu Ramonell, que ahora está en la
tele. Al día siguiente vi a Pedro Serra.
De aquella reunión salí con un ‘aumento’ de 5.000 pesetas al mes a cambio de
publicar cada lunes una ‘entrevista diferente’ con jugadores del Mallorca (sólo
entrevisté a un tal Hassan y a un chileno conocido como ‘Pindinga’) y unas
palabras que no he olvidado y que aportan una visión de quien me las dijo que
no he visto reflejada en las muchas
crónicas que se han escrito sobre él: “Entiéndelos, vienen del Movimiento y
están acostumbrados a obedecer”.
Aquella etapa
del Baleares fue apasionante y la recuerdo acompañada de anécdotas. No sé si
contar (sí, la voy a contar) una que tiene que ver con la manera de vestir que
yo tenía entonces: de negro de los pies a la cabeza. Los primeros números
del nuevo Baleares se gestaban en una
reunión que se celebraba por las mañanas en el sótano de Ultima Hora. Allá se comentaba lo que habían
publicado los demás periódicos y lo que se podía hacer ese día. En una de esas
reuniones, y eso lo sé porque me lo
contaron, se habló algo de mi vestimenta y hasta de la oportunidad de darme
un extra para comprarme ‘un traje’. No hubo necesidad y seguí combinando mis dos americanas de pana
negras con pantalones del mismo color hasta que me cansé. Mi etapa en el
Baleares, el estatal y el privado, fue inolvidable, iniciática, y no puedo menos que recordar a una figura
fundamental de esa época, a Gabriel
Ferret Sobral, ‘Sobral’, mi ácrata de cabecera, un hombre valiente donde los
haya que se encargaba de los editoriales
y escribía artículos de opinión (aún los escribe, ahora en Última Hora) y que,
además, me introdujo en la vida nocturna que, según ha recordado mucha gente
estos días, tan relacionada estuvo con esos años del periodismo. Gracias a
‘Sobral’ conocí a David y a Emi Fernández Miró que, a su vez, también me
descubrieron detalles y vivencias que me
ayudan a llenar esta caja de cosas que abro de vez en cuando.
Estos días se
han publicado muchos artículos. En casi todos, como hago yo en este escrito,
suele recordarse la primera vez que el
autor o autora habló con Pedro Serra o
bien (como gesto de aparente distanciamiento) se inician
con ‘Nunca he hablado con Pedro Serra’. De todos los que se han escrito
hay dos que, en mi opinión, destacan sobre los demás y que, cruzándolos o en
una lectura superpuesta, ayudan a conocerle. Uno es de Javier Mato. Lo publicó
El Mundo y se titula ‘Pere Serra, un hombre imponente’. El otro es de Pedro
Comas, que dejó la dirección de Última Hora en 2014, y se llama ‘Aprendimos a
ser periodistas’. No lo firma como consejero editorial sino como ‘redactor y
director de Última Hora con Pedro Serra’.
Quédense con
esos dos artículos y de ahí escarben,
que es la única manera de ejercer el periodismo, también en esta era absurda de
las redes sociales donde lo que manda es la inmediatez. De todos modos, y ya cierro esta caja de cosas, el mejor
artículo sobre Pedro Serra y lo que ha sido Última Hora lo escribió el propio
Pedro Serra. Es la necrológica que publicó en julio de 1999 tras la muerte de
Paulí Buchens. Se llama ‘Paulí y el Parc de la Mar’.
El artículo alude a la primera vez que Pedro Serra habló con él e incluye el siguiente párrafo que no me
resisto a reproducir: “Recuerdas,
Paulino, cuando nos conocimos. Tú acababas de estrenar la alcaldía de Palma,
convirtiéndote en el alcalde más joven de España. Yo acababa de estrenar mi
presencia en Última Hora. Entonces me sentía un ‘enfant terrible’ y deseaba con mi primer diario en castellano
ser fuerte, independiente e insobornable. El día que, contra todo pronóstico,
fuiste nombrado alcalde, Última Hora te dio un buen varapalo, que yo mismo
escribí, debido a que no nos quisiste ofrecer –con buen criterio político, debo
confesar y lo confieso- una entrevista
en exclusiva. No te enfadaste, más bien me visitaste en los sórdidos sótanos de
mi despacho del Paseo Mallorca donde se imprimía el diario. Allí, creo, empezó
una larga, segura y firme amistad”.
Sobra todo lo
demás que pueda escribirse.
sábado, 15 de septiembre de 2018
Los anuncios de prostitución desaparecerán de los periódicos
Tarde o
temprano (creo yo que temprano) los anuncios de prostitución, también llamados
de ‘contactos’ o ‘relax’ en esta jerga que utilizamos para mirar a otro lado sin
sobresaltarnos, desaparecerán de los periódicos de información general. Hay medios que ya los han
retirado y hasta han hecho bandera de su decisión. No sólo El País. También en
Baleares otros periódicos hicieron esa
apuesta: el Periódico de Ibiza y Formentera y, antes, el Diari de Balears.
Es cierto que no siempre una decisión así
responde al convencimiento de que la publicación de ese tipo de reclamos se
aproximaría mucho, en mi opinión, a la esfera del proxenetismo. Es igual, tanto
da que el primer paso para que algo cambie sea una cuestión ideológica, un
compromiso moral, una apuesta deontológica, una apuesta por la igualdad y los
derechos o una estrategia comercial. Lo relevante es que una empresa de comunicación
llegue a la conclusión de que es mejor
presumir no de no llevar este tipo de anuncios que de llevarlos. Y que hasta
considere que, sin llevarlos,
gana en influencia y cotización.
El Gobierno
de Baleares, que preside una mujer socialista, Francina Armengol, está dando
vueltas y revisando con lupa una iniciativa legislativa presentada por una diputada que fue expulsada
de Podemos (Montserrat Seijas, del Grupo Mixto) que tiene un título muy claro:
Proposición no de ley para erradicar los
anuncios de prostitución de los medios de comunicación de ámbito autonómico. La
iniciativa secunda un llamamiento del
Consejo de Europa para “proteger, prevenir y eliminar todas las formas de
violencia machista”; constata que “la prostitución es la máxima expresión del
patriarcado y una de las más crueles” y recuerda que presentar a la mujer
como mercancía a través de los medios de
comunicación es algo que ya han rechazado otras comunidades autónomas.
El Parlament
de las Islas ha aprobado esta legislatura una ley de Igualdad en la que, de una manera que no es fácil
explicar, ha quedado fuera este asunto,
algo que una norma similar valenciana sí desarrolló. Ahora, el actual
Govern balear, no tiene claro (de hecho hay voces en contra) que la publicidad,
o la supresión de ésta, deba utilizarse
como forma de presión. Entiende que, sin el aval de una ley estatal, es
imposible privar a un medio de publicidad institucional, ya sea por sus contenidos o por su sección de
anuncios. E intenta apostar por otras fórmulas. Por ejemplo, una política de
incentivos y que este asunto no se limite sólo a ámbito publicitario.
Más allá de
su exposición de motivos, los dos puntos
de la proposición no de ley inicial , y que está sujeta a modificaciones, van
dirigidos a “que el Govern recomiende a los medios de
comunicación autonómicos (digitales e impresos)
que eliminen estos anuncios por el bien del interés general” y “que desde
el Govern no se emita publicidad de la CAIB [Comunidad Autónoma de las Islas
Baleares] en los medios de comunicación que no eliminen esta práctica
publicitaria, así como no se permitan subvenciones a los medios de comunicación
que no erradiquen los citados anuncios”.
La izquierda,
cuando gobierna, se sumerge a veces en curiosos
debates y peca en ocasiones de purismo excesivo. Luego sucede, como
ocurrió cuando el Gobierno de Aznar, que termina siendo el PP
quien suprime el servicio militar obligatorio o el que llega a acuerdos con
quienes, hasta un cuarto de hora antes de necesitarles para desbancar al PSOE,
iban a romper España.
Con este
asunto, en si se debe acabar y cómo con el anacronismo que supone este tipo de
publicidad y en qué medida la
Administración debe comprometerse a fondo (incluso evitando la publicidad en
esos medios) podría ocurrir otro tanto
si no se aborda desde todos los puntos de vista. Aparentemente la izquierda que
gobierna sabe lo que quiere pero no sabe
cómo conseguirlo. O no se atreve a dar el paso. Eso es muy de la izquierda.
La
proposición no de ley, en su redacción actual u otra, se aprobará. Los grupos
de la mayoría y también el Govern se han cruzado diferentes textos y es una buena señal que la
diputada socialista Silvia Cano, que se ocupa de Igualdad, se
encargue de refundir la propuesta
inicial con lo que el Ejecutivo de las Islas considera que está en su mano hacer. Pero el debate no es sólo político; en el
otro lado de la historia, están los medios de comunicación. Parece claro que todo está cambiando en su universo,
también la manera de enfocar la realidad, no únicamente en este asunto. Y como todo ocurre tan deprisa, o te enfrentas a la
ola de la realidad y el cambio de valores o
te subes a ella y te dejas llevar.
Es mi aportación al debate y la guardo en esta cajadecosas.
sábado, 4 de agosto de 2018
Un apunte sobre Última Hora
Este año se
cumplen 125 de la Última Hora y creo que ya no puedo seguir aplazando más el
momento de hacerle un hueco en esta ‘cajadecosas’ que, alguna vez, tendrá que salir de este blog.
Cada año por estas fechas le doy vueltas a la idea de ordenar estos escritos
para que tengan vida propia fuera de aquí. También éste, en que se cumplen 125
de la publicación del primer número del periódico. Si no le dedico un texto,
aunque sea breve y a modo de declaración
de intenciones, no podré seguir adelante con otras historias.
La Última
Hora cumple 125 años y, por eso, 2018
está siendo un año de conmemoraciones.
Reproducciones de algunas portadas, desde la primera del 1 de mayo de 1893 a otras más recientes, salieron a las calles
de Palma y para final de año se anuncia una exposición. Casi toda la primera
página de aquel primer número lo
ocupa un texto titulado ‘A
nuestros lectores’, va firmado por ‘La Redacción’ y termina con unas palabras
de las que he decidido apropiarme y convertirlas en santo y seña: “Si ponemos
algo de nuestra parte, aunque no sea más que la pequeñez de lo poquísimo que
valemos, ya será lo bastante para quedar recompensados nuestros afanes y
vigilias”.
El director actual de Ultima Hora, Miquel
Serra, se refirió a ese texto -en el suplemento
conmemorativo que se distribuyó el 1 de
mayo de 2018- como “el artículo
editorial más humilde que jamás se habrá publicado en el alumbramiento de un
diario”. Y precisaba que, aunque
firmado por ‘La Redacción’, lo había escrito de su puño y letra el fundador y
primer director, José Tous Ferrer.
El día 11 de enero, que fue cuando se celebró
la gala inaugural de este año de conmemoraciones, hubo un concierto en el
Teatre Principal y el programa de mano fue, precisamente, un pliego con la
reproducción facsímil del primer número del diario. Nekane me guardo uno y me
lo dio al día siguiente. Sabe cómo me gustan los papeles impresos y, también, sabe de esta ‘cajadecosas’ y de
mi empeño por ir llenándola con historias sobre periodismo y periódicos. Al hilo del aniversario y después de haber visto la película
conmemorativa del nacimiento del periódico, ya no puedo seguir aplazando más la
idea de escribir de Ultima Hora (que ya ha perdido el ‘la’ con el que nació
pero casi todo el mundo sigue diciendo ‘la Última Hora’) aunque sea sólo con alguna
pincelada que más adelante tendré que completar. Es que yo trabajo en Ultima
Hora, me había olvidado de anotarlo y, por eso, me cuesta un poco más
observarla desde la distancia que he
puesto de por medio al encarar otras
historias. Supongo que este 125
aniversario, que coincide con los lamentos sobre la muerte del modo en que
entendimos el periodismo y sobre el fin del papel, con la locura de las redes
sociales, con la necesidad de revisar (y darle la vuelta) al modo en que los
medios han tratado a las mujeres y con la desmovilización vergonzante de la
profesión a la hora de reivindicar sus derechos laborales, puede dar pie a intentarlo.
Empecé como redactor de Ultima Hora en 2003
pero conocía el diario desde antes.
Tanto como lector (el primer ejemplar
que tengo constancia de haber comprado fue el de la segunda edición del
20 de noviembre de 1975 y que llevaba como titular principal ‘Arias lloró’, aludiendo al
discurso que el presidente del Gobierno de entonces había pronunciado aquella
mañana por televisión para comunicar la muerte de Franco) como más adelante, en
1984 , de visitante ocasional del sótano
del Paseo Mallorca del que salieron los
primeros números del diario Baleares después de que Pedro Serra y otros empresarios se hicieran
con la cabecera que antes editaba el Estado. Fue otro periodista, Jaime Jiménez, quien me acompañó a su despacho y le dijo que
yo escribía buenos artículos de opinión.
Pedro Serra, tras la mesa (y previsiblemente fumando un puro, pero no sé si eso
fue exactamente así o lo he recreado con el tiempo) abrió uno de los cajones y
me dijo “ves, todo esto, son artículos
de opinión, me sobran, lo que yo quiero son noticias”. Y me encargó que fuera
con Pedro Prieto, reportero a quien yo
tenía por experto en misses y cotilleos, al puerto ya que había que informar de
la llegada de un barco. El primer paso
era hablar con los prácticos del
puerto. No tenía ni idea de qué era un práctico. Fue lo primero que aprendí tras aquel encargo
en Ultima Hora (aunque yo trabajaba para
el nuevo Baleares); que existían unos tipos llamados prácticos
que, al parecer, jugaban un papel
fundamental para la entrada y salida de los barcos.
A Última Hora
me incorporé formalmente en abril de
2003, cuando su redacción ya estaba al
otro lado del Paseo Mallorca, en el edificio que había ocupado el Baleares. A finales del año anterior había
dejado El Mundo huyendo de Eduardo Inda
gracias a una oferta de baja incentivada
y andaba dándole vueltas a una biografía, que dejé a medias, sobre un pionero del turismo de origen
belga con una historia tan interesante
que daba para una novela. Creo que Joan Buades,
autor de Crui. Els portadors de la torxa (Edicions Aïllades, Eivissa, 2016 en su primera edición) tuvo que
conocerle y hablar más de una vez con él para tejer su historia sobre nazis y turistas.
No estaba
todavía yo en Ultima Hora la tarde del 17 de julio de 1995 que fue cuando debió
decidirse una ‘primera’ que me persigue desde que la vi publicada al
día siguiente, y a la que ya he aludido en otras ocasiones, que llevaba este
titular: “Al fin, Cañellas se va”. Lo sorprendente de aquel titular, con una
coma impresa que nadie respetó al leer, no era tanto que el presidente del
Govern hubiera renunciado a su cargo como las palabras mágicas que el diario
utilizaba para enmarcar la noticia del día, del año y de la década: ‘Al fin’.
Los titulares nunca son inocentes ni gratuitos, sobre todo los que aluden a
grandes historias, y la marcha de Cañellas lo era. Aquel ‘Al fin Cañellas se
va’ (ignoremos la coma que podría dar a entender que tras varios días de duda,
el presidente había decidido irse) era
el reconocimiento oficial del final de
una época. Hacía tiempo que todos los poderes de las Islas (y no sólo ese que
se dio en llamar ‘cuarto poder’) esperaban gritar ‘Al fin’. Y Última Hora lo
gritó.
No hay duda que Ultima Hora es muy peculiar.
En el fondo, y en la forma. Por ejemplo, y por recordar algo
que me viene ahora a la cabeza y que me llamó mucho la atención desde el
primer momento, por las cosas que sucedían en la Redacción. Según a qué horas,
yo recuerdo las de la tarde, llegaban
visitas que rompían con la
cotidianidad habitual. A veces eran las
‘vermadoras’ de Binissalem, que incluso venían con el alcalde; otras
veces, una tuna (que cantaba) y, otras, las ‘misses’, que luego se paseaban por la Redacción. (...)
No sé si Última Hora debe de ser el único periódico de España que todavía informa de ‘misses’ (...) pero sí que cuando apostó por ser un diario
popular a imitación de los tabloides británicos fue una de sus señas de
identidad. De aquel cambio se recoge
bastante en la película del 125
aniversario, igual que del impacto que tuvo la portada con el titular ‘Todo
sube’ (1 de agosto de 1974), aludiendo al incremento del precio del pan, del
café y los transportes, y que marcó el inicio de la nueva etapa. Manolo Cámara,
comunista y sindicalista, me contó una
vez la historia de otra portada con un titular a toda plana: “¿Dónde está
Manolo Cámara?”. Eran los primeros años de la Transición, le habían detenido y
nadie sabía de él. Me explicó que su
familia y compañeros se movilizaron y que Última Hora se imprimió con
esa pregunta en portada. Y que le
dejaron en libertad esa misma mañana.
(Y vale por hoy. El mundo, tu día a día, tu vida y tu trabajo
te lleva a hacerte preguntas y a señalar contradicciones. Cuando puedes parar, pongamos que en unos días
de un caluroso verano, te das cuenta. Trabajar en un periódico te obliga a una
revisión constante de todo. También del oficio de periodista. Es lo que intento
en esta ‘cajadecosas’)
jueves, 26 de abril de 2018
El escaparate de Inda al hilo de 'lo de Cifuentes'
(No tengo una buena consideración del modo en que Eduardo Inda entiende el periodismo. Este texto forma parte de un proyecto más amplio que surgió de uno de los primeros escritos que incluí en esta 'cajadecosas' y que luego ha ido creciendo. Lo hago público ahora parcialmente aprovechando la dimisión de la presidenta de la comunidad de Madrid después de que el digital OKdiario difundiera un vídeo de cuando fue descubierta años atrás llevándose dos botes de crema de un supermercado)
El escaparate de Inda
La
mayoría de la gente supo de Eduardo Inda (Pamplona, 1967) después
de dejar la dirección de El Mundo/El Día de Baleares y regresar a
la edición de Madrid tras haber pasado por la dirección del
Marca. La mayoría de la gente supo de Inda cuando simultaneó sus
trabajos en El Mundo y su presencia en tertulias de la tele, sobre
todo en la tertulia de aquel programa de La Sexta, el de los sábados por la
noche, que vino a ser como una versión política del Sálvame de
Tele 5. Dejó El Mundo, inmediatamente después de Pedro J. Ramírez,
y fundó OK Diario, un digital creado a su imagen y semejanza y desde
el que se dedicó a atizar a Podemos y a todo aquello que le pareció
conveniente. En julio de 2017, un documental, Las cloacas de Interior
(dirigido por Jaume Roures y con guión de Jaume Grau) le situó
como un correveidile de los intereses de las tramas ocultas de poder.
El 25 de abril del año siguiente vivió uno de sus momentos de
gloria con la difusión del vídeo que forzó la dimisión de la
presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.
Inda
se hizo con la dirección balear de El Mundo en 2002, cuando
sustituyó a Luis F. Fidalgo después de un cambio de calado, que él
mismo justificó en su primer artículo, que también afectó a la
gerencia del periódico. Las
referencias sobre Eduardo Inda no podían ser peores. Antes de
desembarcar en El Mundo/El Día de Baleares, que se editaba en Palma,
había dirigido la edición del periódico en Eivissa. Esa edición,
no era en puridad una delegación de El Mundo de Pedro J. Es decir,
que no formaba parte del proyecto fundacional del diario, quizá ni
siquiera encajaba. Era un periódico montado por un sector del PP en
las Pitiusas y empresarios turísticos de la Isla contrarios, de
hecho, a algunos de los postulados que El Mundo decía defender en su
línea editorial. Desde el principio, eso sí, fue un periódico
contrario a la mayoría de izquierdas que entonces gobernaba en
Baleares y especialmente anti Pilar Costa, presidenta del Consell
de aquella Isla, pese a que ni al PP ni a los empresarios ibicencos
que financiaron el proyecto les gustó el estilo de la nueva
cabecera.
Lo
que hacía el periódico –sin el apoyo, cuando no con la oposición,
de la dirección de Mallorca- era trasladar el estilo “agresivo”
que el diario de Pedro J. utilizó en la última etapa de Felipe
González. A falta de escándalos sonados como los Gal, Ibercorp o
los papeles del Cesid, hubo que recurrir a otros asuntos más de
andar por casa que desconcertaron, incluso, a los patronos del
proyecto y a sus valedores políticos. El propio líder del PP, el
entonces coordinador del partido, Josep Juan Cardona (condenado años
después a la pena más larga de cárcel por un caso de corrupción
que se ha dictado nunca en Baleares) llegó a quejarse de que Inda
pretendiera marcarle cómo debía ser su estrategia política y
parlamentaria. El Mundo sacaba un tema y el PP debía llevarlo al
Parlament. Estas cosas funcionan así. Sobre todo si se habla de
información política.
Quizá
se debiera a su carácter peculiar, quizá a la tupida red de
intereses, a las complicidades que da el hecho de ser Islas o la
cultura mediterránea. Lo que, en aquellos años, parecía bastante
claro es que había un tipo de periodismo que podía tener
éxito en Madrid y que no funcionaba ni en Cataluña ni en
Baleares. En Cataluña, el nacionalismo de Pujol supo aprovecharse
bien de la forma de ser catalana y nadie, durante años y años, y
hasta después de dejar la Generalitat, se atrevió a salirse del
guión aceptado por todos los medios. Con la idea de romper este
estilo, tan propio de Baleares, llegó Inda; primero a Eivissa y
luego a Palma.
Aparentemente,
la estrategia del director no iba ni con el 'espíritu balear' del
momento (recién empezado el siglo XXI) ni siquiera con el
ibicenco. Titulares agresivos, grandes historias sobre noticias que
no lo eran, explotación diaria de asuntos que se habían agotado (a
veces desmentido) el mismo día de su publicación, afortunada
elección de frases pegadizas para mantener vivos los temas, como “la
web del Govern que enseña a drogarse” para referirse al patrocinio
desde la Conselleria de Bienestar Social de una web sobre
toxicomanías, marcaban el día a día. Ese asunto, “la web del
Govern que enseña a drogarse”, se convirtió en una cruzada
personal de Inda. La verdad es que, por la novedad del estilo, la
gente hablaba de El Mundo e incluso se seguían las noticias. Hasta
algún líder político llegó a ver útil el estilo del diario
en Eivissa, aunque no fueran precisamente los políticos del PP. “Es
mi cruz” comentó el entonces ministro Jaume Matas a quien (en
teoría), el periódico, debía allanarle el regreso a la presidencia
del Govern en las siguientes elecciones de 2003.
Paradójicamente,
el político con quien mejor relación llegó a tener Eduardo Inda
fue el diputado verde Joan Buades. A ambos les unía la crítica
feroz a la presidenta insular, Pilar Costa a quien el director
bautizó como “la jefa”. La primera vez que Joan Buades visitó
la redacción del diario en Eivissa se extrañó mucho de ver
colgadas en las paredes páginas con su foto y anotaciones a mano al
estilo de “muy bien, Joan”, “dales” y cosas por el estilo.
El
director lo comentó un día: “A mí no me interesa ni el PP, ni el
PSOE, ni ningún partido, lo que yo quiero son titulares que vendan”.
Por eso daba varias vueltas de tuerca a los titulares. Los titulares
(con muy buen criterio, por cierto) eran la obsesión de Inda. Lo
tenía bastante claro y una vez lo explicó así: de nada te sirve
tener la mejor tienda de diseño sin un buen escaparte.
No
es que la teoría fuera mala. Es que no la supo aplicar. Con la
distancia, cuando se pueda analizar El Mundo de Inda (sobre todo el
de Mallorca) habrá que señalar dos características que fueron las
que llevaron, entre otras causas a la desmotivación (y finalmente
abandono) de una parte de la, en general, muy excelente Redacción:
el desprecio a los matices y la desconfianza en el producto final.
La
gente de la Redacción lo debatió mucho, sobre todo en los días
previos a la “fuga”. La dinámica de los periódicos es perversa.
O te implicas o no te implicas y si te implicas puedes terminar por
asumir todo lo que venga. El Mundo nunca llegó a publicar una
mentira total. Lo que sucede es que no publicar una mentira no es
sinónimo de publicar la verdad. La dinámica del trabajo en las
redacciones te lleva a aceptar ese hecho. Un titular, se dice, es la
interpretación de un texto pero nunca cabe en un titular todo lo que
se quiere decir y el titular debe resumir. El famoso escaparate. Lo
que ocurre es que, cuando en un escaparate se da el mismo valor a
todos los productos, cuando no se distinguen ni se ordenan, se
termina por no saber qué es lo que se quiere vender. Con el auge
posterior de las redes sociales (pero eso ya excede a este capítulo)
todas las noticias pasaron a tener el mismo valor.
Atendiendo
sólo a los presuntos gustos del público, la calidad es imposible.
En las páginas de un periódico –una perversa herencia de las
televisiones- pueden aparecer correlativamente noticias como el
asesinato de una mujer, la eliminación o el triunfo de un lugareño
en un concurso de la televisión, la última intervención del
presidente del Gobierno o los datos del paro. Eso fue lo que le pasó
a El Mundo donde, además, a la hora de los análisis todo se dividía
en buenos y malos. Y los malos, en general eran siempre los mismos.
Sin matices.
En
Agosto de 2002 –tras la salida paralela del anterior director y del
gerente, que sólo se explicaría algún tiempo después- Eduardo
Inda desembarcó en Palma. Antes había ocurrido algo. El periódico
había editado uno de esos suplementos conmemorativos de algún
aniversario. El artículo que, desde Eivissa, había escrito el
futuro director, no salió tal y como lo había escrito. Inda se
indignó y envío un duro correo electrónico a Fidalgo, explicando
que nunca le había sucedido algo así. Sólo que aquel correo,
intencionadamente o no, no lo recibió únicamente su destinatario,
sino que llegó a todos los buzones del periódico.
Su
primer artículo como director, firmado, el 18 de agosto en su
columna semanal Los Puntos sobre las Ìes, llevaba por título
'Vientos de Cambio 'y en él avanzaba que “Seguiremos siendo, con
más intensidad si cabe, el pepito grillo de la sociedad balear, el
altavoz de lo que otros callan”.
Leído
así (y como ocurre siempre con los textos genéricos), parecía una
excelente declaración de principios pero quedaba claro que era el
inicio de una etapa, más crítica que hasta entonces, con el Govern
de izquierda, que se sostenía gracias a UM, y los gobiernos
insulares. Aquel artículo incluía un ‘aviso para navegantes’,
que se iba a exigir un reparto diferente del pastel publicitario. En
un primer momento, Inda concitó incluso, el apoyo de Antoni Alemany,
el primer director del diario cuando sólo se llamaba El Dia y que,
en un artículo que posiblemente hoy no escribiría, llegaba
a referirse a Inda como una “apuesta que me gusta”; defendía
supuestas virtudes que otros no habíamos visto y auguraba que “de
entrada aportará al periódico sus 34 años, es decir audacia,
dinamismo y frescura”. Afirmaba que “ha despertado grandes
esperanzas y expectativas”, que tendría que confirmarlas y
concluía “Eduardo Inda lo tiene todo para comerse el mundo”.
Luis
F. Fidalgo, que había llegado al periódico para relevar Basilio
Baltasar en abril de 1995, anunció que se tomaba un año sábatico.
Terminó plenamente integrado en la sociedad balear y encargado de la
imagen de la Corporación Financiera Alba, del Grupo March.
Inda
llegó a la dirección en agosto y yo me marché octubre. Fue una
salida pactada. Aparentemente, todo el mundo quería marcharse del El
Mundo y una veintena de personas de todos los departamentos nos
acogimos a un despido incentivado. Los de la ‘central’ no podían
creer lo que estaba pasando. En lugar de luchar por continuar,
luchábamos por marcharnos. En 2007, Inda dejó la dirección y
volvió a asumirla Tomás Bordoy, que ya ocupó ese puesto cuando el
periódico se llamó El Día 16.
jueves, 29 de marzo de 2018
Rock and Press
Era un garito de Palma, de esos en que lo mejor es olvidar el nombre y la dirección. No sé si fue Marisa o el Rodas. Ahora tengo confundido quién me dijo que se había montado un grupo para la fiesta del Spib. Y allá nació Rock and Press. Y me sedujo. Y me enamoró. Y me cambió todo. Si hasta me puse a bailar. Antes de Rock and Press, aquel año era 2005, yo no bailaba. Era muy comedido, de una timidez patológica. No perdí la virginidad con Rock and Press, pero sí la verguenza. En un concierto, y lo sé porque hay una foto, arramblé con una señal de tráfico y la levanté como un trofeo cuando escuchaba a Rasputín. El reservado, lo pone el Ibatur, eso lo sabemos. Y más cosas
Rock and Press nos sacó un espejo y nos lo puso frente a la cara. Y yo me ví. Y ví a amigos y amigas que no había visto antes. Y supe cómo se llamaban. Es algo que siempre me había reprochado Nekane. "Sandy, es que no te enteras, no ves", me dice todavía. Rock and Press me abrió los ojos. Y me hizo ver la profesión. Y me reí mucho con ella. Igual que me reí cuando los de Ib3 enviaron una cámara para ver si era verdad que Gabi Rodas decía "María, fóllame" al final de Tengo una oferta de Ib3. Pero sé, Massutí, que los jefes de prensa de fiesta se van y que dejarán su despacho y su coche oficial. Y que si me gusta esta historia, y quiero saber más, la tengo que buscar en la barra de un bar. Ya lo sé, los tiempos están cambiando. Pero he aguantado a Pere Bota que, como Cati o Teresa, está hasta las narices de que su jefe quiera un grupet. Cómo cambió cuando hizo los coros de Tuve una oferta de Ib3. Volvió nuevo. Hola, Carlos, gracias por llevarme a Ca na Palleva. Y porque Margarita pueda contar su historia. Rock and Press aguantó hasta 2011 y llegó a un concierto para evitar que otra María cerrara [M]. No lo lograron. Pero nos enseñaron que a todos los cerditos les gusta la corrupción. Gracias.
Rock and Press nos sacó un espejo y nos lo puso frente a la cara. Y yo me ví. Y ví a amigos y amigas que no había visto antes. Y supe cómo se llamaban. Es algo que siempre me había reprochado Nekane. "Sandy, es que no te enteras, no ves", me dice todavía. Rock and Press me abrió los ojos. Y me hizo ver la profesión. Y me reí mucho con ella. Igual que me reí cuando los de Ib3 enviaron una cámara para ver si era verdad que Gabi Rodas decía "María, fóllame" al final de Tengo una oferta de Ib3. Pero sé, Massutí, que los jefes de prensa de fiesta se van y que dejarán su despacho y su coche oficial. Y que si me gusta esta historia, y quiero saber más, la tengo que buscar en la barra de un bar. Ya lo sé, los tiempos están cambiando. Pero he aguantado a Pere Bota que, como Cati o Teresa, está hasta las narices de que su jefe quiera un grupet. Cómo cambió cuando hizo los coros de Tuve una oferta de Ib3. Volvió nuevo. Hola, Carlos, gracias por llevarme a Ca na Palleva. Y porque Margarita pueda contar su historia. Rock and Press aguantó hasta 2011 y llegó a un concierto para evitar que otra María cerrara [M]. No lo lograron. Pero nos enseñaron que a todos los cerditos les gusta la corrupción. Gracias.
martes, 2 de enero de 2018
El año (será) de la Polka
(Guardo en esta cajadecosas este escrito del último día de 2017 y pensando en la magia de los bares)
Allá fuera, está la pareja que juega al ajedrez. En la esquina de la barra, el periodista que escribe sus artículos en el Iphone. Como aún no ha llegado C, se ha puesto en su sitio. Hay un cartelito con su nombre. Cuando ella está, todo el mundo sabe que es su espacio. Es historiadora del arte, le gusta el cine, plastifica sus historias , a veces las regala, y organiza mercadillos. Pepe, Pepe Marroig, anda contando estos días que el bar ha cumplido cinco años. Es el culpable de todo. Bueno, digo el culpable y debería decir el mago. Ha organizado una especie de viaje en el tiempo. La Polka es el resultado de un hechizo. Ha atraído a gente de épocas distintas que se ha quedado allí como si tal cosa. A Carmina, que entra y sale de barra y lo controla todo (no se le escapa una) la conocí en el colegio. Como a L y a M, y a otras del grupo que aterrizan de vez en cuando, En la terraza, según entras, a la derecha, hay una mesa, que llamamos comunitaria. Se sienta todo el mundo y no hace falta preguntar. Allá se cuentan cosas y se tejen historias donde se mezclan épocas diferentes. Alguna vez está sólo T, que siempre habla de algún libro que dice que está escribiendo. O cuenta que el otro día le robaron la tablet. Hay noches de monólogos y también de conciertos. A la gente le da por bailar y hay listas de canciones con nombres de clientes y clientas que luego escriben cosas por Facebook. La Polka abrió de repente y parece que quiere quedarse. Mira, acaba de entrar la abogada de aquel caso tan famoso que instruyó el juez de la infanta. No, a él aún no le he visto por aquí pero sí a alguna jueza polki. Pepe se empeña en llamarnos polkis y hasta nos lo creemos. Los polkis no se quedan sólo en ese bar, a veces también van en procesión, en grupos de tres o cuatro, a La Posada, que está un poco más arriba. Los bares son santuarios y templos y cuando los nombras convocan a quienes han pasado por ellos. Eso pasa mucho en éste. Por ejemplo, sombras y los espíritus de la Moncloa y el Casablanca asoman algunas noches en La Polka y traen recuerdos y voces de los años ochenta. Si hasta J sigue poniendo cañas en la barra. Lo único que ha cambiado es que ahora pagas en euros y no con pesetas. Puedes retomar con T o con E conversaciones que entonces quedaron inacabadas y empezar otras nuevas. ¿Ves aquel cartel de Moncloa en la pared? Igual empujando el marco de cristal, cede, como sucedía con el espejo de Alicia y puedes pasar a través suyo y llegar a un mundo mágico que reúna todos los momentos del pasado y se enganchen a los de ahora. La conté a C, que también es polki, que la escalera por la que se subía a Moncloa coincidía, décadas atrás, con una de las ventanas del Bar Torres. Quizá esta noche de final de año todos y todas se pongan a bailar la polka en un aquelarre de épocas y lugares. Seguro que A hará mil fotos de ese momento. Viene a ser como el fotógrafo oficial, deja constancia de todo lo que pasa. O de casi todo. En esa mesa de allí se sienta el grupo feminista. Suele aparecer un día concreto de la semana. J celebró su cumple este año. Y también estaba L, que (casi coincidiendo con la apertura, bueno reapertura, porque la cosa viene de atrás) inauguró una librería peluquería de nombre también mágico que está agitando un poco la vida cultural del barrio. Igual que los conciertos en directo. La otra noche, uno terminó con una proclama que aún me ronda: “Viva la clase obrera, viva la música en directo, que los de arriba no entienden nada´´. Lo mejor está por llegar y seguro que este año nuevo será polki. Nos vemos en 2018.
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