Me ocurre algo extraño con los libros de Vila-Matas. Me van desapareciendo aunque yo estoy convencido de que, una vez leídos, les hago un hueco en la estantería. No desaparecen todos, pero sí algunos que recuerdo por algún motivo especial y con los que no consigo dar estos días pese a que los busco afanosamente. Estoy seguro de que nadie los ha cogido y de que no los he prestado. Sólo me queda pensar que no quieren quedarse quietos o que siguen escribiéndose solos (lo que no resultaría extraño siendo de Vila-Matas). Por eso estoy tomando medidas para que no huyan todos uno tras otro. Sé que leí Hijos sin Hijos porque recuerdo que alguien iba buscando un nombre secreto por Zaragoza. Y estoy hecho a que París no se acaba nunca. Esos títulos en concreto (y algunos más) no están donde yo creía haberlos dejado. Por cierto, que París no se acaba nunca me sirvió para acercarme por primera vez a EVM. Diré que él estaba sentado en un bar y más adelante (si todo este texto no va desapareciendo conforme añado palabras mientras espero a que termine una reunión política de la que tengo que informar en el periódico de mañana) contaré cómo fue aquello.
Estaba con lo de los libros que, una vez leídos, no se quedan quietos. Y contaba que estoy tomando medidas. Por ejemplo, poner a buen recaudo (o eso me parece a mí) Marienbad eléctrico, que es el ultimo que he leído. Lo primero que he hecho ha sido separarlo de Porque ella no lo pidió. Conociendo como se las gastan EVM y sus fantasamas, supongo que ambas historias, o las historias que contienen ambas historias, terminarían haciendo de las suyas y arreglándoselas para escapar juntas y confundirme del todo. O tomo medidas, o Dominique Gonzalez -Foerster se fundirá con Sophie Calle y será tan fácil engañarme que nunca sabré si fue en el Bonaparte o en el Café de la Flore el principio de todo. Envidio (o admiro, que es la manera lógica de envidiar) a Enrique Vila-Matas. Meterse en una historia suya es como escarbar la tierra mojada del campo con las manos. Empiezas por lo superficial, que es lo que se ve a simple vista, un fruto o una hortaliza o lo que sea; sigues removiendo, tocas la raíz y luego vas tanteando un mundo subterráneo que se antoja infinito. Los libros de Vila-Matas te conducen de un lado para otro y no terminan nunca porque (por ejemplo) te obligan a comprobar todas las citas, una a una. Hay noches que te desvelas buscando puertas de habitaciones inexistentes de hoteles inexistentes que luego se aparecen en los sueños. No sé, por ejemplo, si en uno de esos sueños se quedó Una casa para siempre, libro extraño que incluía un ventrílocuo. O era al revés.
La única vez que hable con Vila-Matas, actúe con temor reverencial. Él, estaba sentado en un bar. No recuerdo si le acompañaba Paula de Parma, que había escapado de la dedicatoria, o era Pepe de Palma el que estaba con él. Lo que sí recuerdo es que le abordé con reparos pues iba con la idea de comentarle que me había divertido mucho con París. Se lo dije con temor a que lo último que pretendiera Vila-Matas al escribirlo fuera hacer reír. Todo es misterioso e inquietante. Hasta cuando estoy en el periódico pendiente de una noticia, me persigue el espíritu de Vila-Matas, que no se acaba nunca. Tampoco sé porque escribo todo esto. Bueno, sí. Por miedo al ' síndrome de Bartleby'. Y al de compañía, claro.
jueves, 19 de mayo de 2016
martes, 12 de abril de 2016
Profesores que leían el periódico
Hay
momentos, gestos, actitudes y personas que te marcan para acompañarte toda tu vida sin saber exactamente por qué. Los hermanos
Duran, por ejemplo. Xisco y Miquel Duran Pastor (el primero murió
hace ya algunos años; el segundo, este 10 de abril de 2016) tenían
algo en común: la música clásica y la lectura de periódicos. Si
de aquel grupo --digamos heterodoxo-- que, en los años setenta, pasó
por sus clases del colegio San Luis Gonzaga de Palma (lo mejor de
cada casa, que se decía entonces) salió alguien que se dejara
seducir por alguna de aquellas aficiones, habrá que atribuirlo, en
parte, a ellos.
Miquel
Duran, que para entonces llevaba la asignatura de Historia en BUP,
solía llegar a sus clases con los diarios leídos y, encima, hacía
bandera de ello. Alguna vez entraba con alguno bajo el brazo, pero
su teoría era la siguiente: que había que desconfiar de quienes, de
buena mañana, aseguraban que todavía no habían leído el periódico
y que se lo reservaban para la tarde. Era muy irónico (para buena
parte de quienes le escuchábamos aquellas mañanas, a qué negarlo,
un punto de insoportable o pedante). Fingía que no entendía según
qué cosas, pero lo hacía pensando en algún añadido a sus
clases. Por ejemplo, cuando afirmaba que las discotecas eran como los
hipogeos egipcios. O cuando ironizaba sobre conversaciones que decía
haber oído por la calle. ‘Me encuentro a gente que me dice vamos
a galerías y resulta que no van a ninguna exposición ni nada
parecido, van a Galerías Preciados’, soltaba. Y, entonces, hacía
un gesto de complicidad consigo mismo y miraba al fondo del aula por
si habíamos captado la ironía.
Su
hermano, ‘el señor Francisco’ (él era ‘el señor Duran’, o
Miguel Durán, así en castellano), no llevaba una asignatura en
concreto cuando leía el periódico . Llenaba unos tiempos muertos,
de una hora, que eran de ‘estudio’ o ‘repaso’. Llegaba con el
diario, lo abría, lo ponía sobre la mesa y se enfrascaba en sus páginas.
Recuerdo una Ultima Hora, que entonces salía también por la tarde,
con el resultado de las presidenciales de Estados Unidos. Un chico
puertorriqueño, creo que se apellidaba Lastra, estiraba el cuello
desde su asiento para tratar de leer el titular. Francisco Duran le
dijo: ‘Sencillamente, que ha ganado Carter’. Él respondió ‘Yo
iba con el otro’. Y Duran, Francisco, se limitó a comentar: ‘
No era electo’. Se refería a que Ford había sustituido a Nixon
como vicepresidente tras el Watergate y que Carter sí había pasado
por las urnas. Y así, con ese ‘no era electo’, te enterabas
del sistema electoral americano mucho antes de que ese asunto formara
parte de alguna asignatura si es que, alguna vez, enseñar eso entró
en los manuales de estudio. Quizá, instigar la curiosidad sea la
única manera de hacerte aprender algo, aunque sea fuera del guión.
Como aquella vez que se presentó con Carmina Burana y un tocadiscos
prehistórico. Y Dios me libre de idealizar demasiado el sistema
educativo del franquismo agonizante o de los primeros años de
democracia. Sólo puedo agradecer, eso sí, no haber ido a un colegio
de curas, pese a que llegara a ver cosas que hoy serían
sancionables, como pegar chicles en el cabello o dar bofetadas con
las dos manos. Pero, como todo tiene momentos buenos, a veces, surgía
algo interesante: las clases de los Duran, por ejemplo.
Supongo
que ver pasear a los hermanos Duran con sus periódicos me ayudó a
querer a los diarios de papel. El primero que recuerdo haber comprado
es una Ultima Hora del día que se murió Franco, el 20 de noviembre
de 1975. 'Arias lloró’, se veía en aquella portada que retengo.
Hace
alguna semanas, la última vez que me crucé con Miguel Durán por la
calle, también me habló de periódicos. Apenas sin voz, apoyándose
medio cuerpo en un bastón, y como si hubiera salido de casa sin
avisar, me contó que ya sólo leía los diarios italianos y que
intentaba llegar a una papelería de Jaume III por ver si tenía el
que buscaba. Había dejado de interesarse por los periódicos
españoles, me dijo. Y con menos fuerza de lo que era habitual en él
las veces que me lo he encontrado muchos años por la calle, se
llevó una mano a la frente, que era su gesto habitual cuando quería
mostrar asombro por la actualidad. Se despidió amablemente y no
le volví a ver más.
Miquel
Duran publicó en diciembre de 2013 una suerte de Memorias, Girant
l’ullada cap enrere (Coc 33, Serveis Editorials, SL), un libro que
iba más en el estilo de los aforismos que en el de una autobiografía
al uso. Me contó que escribir así, sin orden ni concierto y
dejándose llevar por los pequeños momentos, como si fueran aforismos, era algo que había
aprendido de Tòfol Serra, otro de esos profesores que te cambian la
vida gracias a su personalidad arrebatadora y fuera de lo común.
En su
último libro, Duran incluye momentos que nunca nos hubiera contado
en sus clases de San Luis, cuando se enfundaba su traje de las
ironías. Por ejemplo, que jamás pudo olvidar la muerte de una
hija de un año después de que su padre y su hermano no pudieran
hacerse con un depósito de oxígeno en la Cruz Roja porque ‘salieron
de casa desesperados sin coger la cartera” (página, 120). Si eso
no es desencanto indignado y crítica social, es que seguramente aún no se ha
inventado.
El final
de Girant l’ullada... es Duran en estado puro. Aventuraba que como era muy posible que el tiempo que quedaba ‘ya no sea de poesía’, sólo cabía esperar un ‘Götterdämerung’, el
wagneriano ocaso de los dioses. Quedo a la espera. E intentaré contarlo.
domingo, 28 de febrero de 2016
El día de la bola extra
Mañana es el día de la bola extra.
Llega una vez cada cuatro años, con los
febreros de los bisiestos. El calendario, como las ‘flippers’ de la sala de
máquinas en la que quemabas sábados y domingos de otros tiempos, te pone una
bola de más para continuar la partida. Mañana es 29 de febrero y ese es el día
ideal para llenarlo con las cosas que nunca dijiste, para terminar las
historias que dejaste a medias (o para empezarlas otra vez y probar un final diferente);
mañana es el día ideal para rescatar todo lo que te queda pendiente y
saborearlo como un vino viejo de las grandes ocasiones, de esos que abrirás
cada cuatro años y que te devolverá a lugares lejanos. Mañana es el día para
intentar lo que no pudiste hacer en su momento; aquella llamada de la que te
arrepentiste o aquella decisión que cambiaste por otra. Mañana es ese día
especial, un día de regalo; un día para tomar (si quieres) el camino contrario al que elegiste de forma
precipitada; para continuar lo que dejaste a medias en cualquier otro momento y, quizá, diste por
perdido u olvidaste. Mañana puedes
intentar ser tú y salir sin el disfraz de los otros días del año. Clic, clic, bola extra. Continúa la partida y
sabes que tendrás una oportunidad que no tuviste el año pasado, ni el otro ni
el anterior, y que tardará otros cuatro en volver. Mañana saldrás a la calle con una
oportunidad para no equivocarte; o para volverte a equivocar con toda
conciencia. Mañana es el día de la bola extra. Un día para recordar todos los
principios que has dejado escritos por ahí y buscar el modo de llevarlos hacia alguna parte. Mañana nos regalan un día que
puede cambiar todos los demás. El día de la bola extra.
domingo, 31 de enero de 2016
O estamos o no estamos
'O todos o ninguno'. Este es el título del artículo que publica hoy, 31 de enero de 2016 el catedrático de Lengua Española de la Autónoma de Madrid y académico Pedro Álvarez de Miranda. El enlace es
http://elpais.com/elpais/2016/01/29/opinion/1454067629_361566.html
Su tesis es que "duplicar los sustantivos en masculino y femenino para evitar el sexismo lingüístico lleva, en ocasiones, a situaciones agotadoras". Es la respuesta a un artículo anterior, escrito por una mujer, la diputada Mónica Oltra, a la que, con la condescendencia habitual en este tipo de escritos, no cita por su nombre y a la que reprocha que aluda a 'diputados y diputadas', 'señores y señoras`', o 'ellos y ellas' en algunos casos y que, en otros, no lo haga.
El autor numera, del 1 al 12, las veces en que Mónica Oltra tendría que haber duplicado los sustantivos para "ser coherente con su receta". Y, con el afán ridiculizador habitual en estos casos señala que (por ejemplo) donde escribe "los grandes perdedores del 20-D", tendría que haber escrito "los grandes perdedores y las grandes perdedoras". O, que cuando anota "en vez de te presto un diputado y me lo devuelves", tendría que haber escrito "te presto un diputado y una diputada y me lo o la devuelves".
Qué cansino resulta a veces este debate. Así, y todo, ahí van otras formas posibles de cómo sin utilizar el masculino como genérico ni duplicar sustantivos es posible simplificar el lenguaje.
Utilizando las misma numeración y los ejemplos sobre los que ironiza el académico, también se hubiera entendido igual así:
1-Quienes perdieron el 20-D (Y no "los grandes perdedores y grandes perdedoras", como le propone escribir en plan irónico)
2-En vez de culpar al resto (Y no "culpabilizar a los demás y a las demás de sus propios males")
3-El rey recibirá a representantes de (Y no "el rey recibirá a los representantes y a la representantes")
4-No podrán formar grupo parlamentario diferente, quienes (y no, "no podrán formar grupos parlamentario diferente los diputados y las diputadas)
5-En vez de tener más de una portavocía (Y no, "en vez de tener más de un portavoz o una portavoz")
6-No se contraviene la norma cuando aquellas personas (Y no, "no se contraviene la norma aquel o aquellas")
7-A quienes están diciendo esto ( Y no, "a los señores y señoras que están diciendo esto")
8-Te presto un escaño y me lo devuelves. (y no, "te presto un diputado o una diputada y me lo devuelves")
9-Sólo así se entiende que el PSOE preste un escaño (Y no, "sólo así se entiende que el PSOE preste un diputado o una diputada")
10-Y al llegar a este punto (Y no, "llegados y llegadas a este punto")
11-Por si tres escaños le resulta demasiado gravoso (Y no, como sigue recomendando de forma irónicamente académica "por si tres diputados o diputadas")
12- Ceda usted un escaño ( Y no, "ceda usted un diputado o diputada")
Naturalmente, ha sido muy celebrado en Twitter el texto de Pedro Álvarez de Miranda y el palo a Mónica Oltra. Hay alternativas al todos o ninguno, también en el lenguaje. O estamos, o no estamos.
http://elpais.com/elpais/2016/01/29/opinion/1454067629_361566.html
Su tesis es que "duplicar los sustantivos en masculino y femenino para evitar el sexismo lingüístico lleva, en ocasiones, a situaciones agotadoras". Es la respuesta a un artículo anterior, escrito por una mujer, la diputada Mónica Oltra, a la que, con la condescendencia habitual en este tipo de escritos, no cita por su nombre y a la que reprocha que aluda a 'diputados y diputadas', 'señores y señoras`', o 'ellos y ellas' en algunos casos y que, en otros, no lo haga.
El autor numera, del 1 al 12, las veces en que Mónica Oltra tendría que haber duplicado los sustantivos para "ser coherente con su receta". Y, con el afán ridiculizador habitual en estos casos señala que (por ejemplo) donde escribe "los grandes perdedores del 20-D", tendría que haber escrito "los grandes perdedores y las grandes perdedoras". O, que cuando anota "en vez de te presto un diputado y me lo devuelves", tendría que haber escrito "te presto un diputado y una diputada y me lo o la devuelves".
Qué cansino resulta a veces este debate. Así, y todo, ahí van otras formas posibles de cómo sin utilizar el masculino como genérico ni duplicar sustantivos es posible simplificar el lenguaje.
Utilizando las misma numeración y los ejemplos sobre los que ironiza el académico, también se hubiera entendido igual así:
1-Quienes perdieron el 20-D (Y no "los grandes perdedores y grandes perdedoras", como le propone escribir en plan irónico)
2-En vez de culpar al resto (Y no "culpabilizar a los demás y a las demás de sus propios males")
3-El rey recibirá a representantes de (Y no "el rey recibirá a los representantes y a la representantes")
4-No podrán formar grupo parlamentario diferente, quienes (y no, "no podrán formar grupos parlamentario diferente los diputados y las diputadas)
5-En vez de tener más de una portavocía (Y no, "en vez de tener más de un portavoz o una portavoz")
6-No se contraviene la norma cuando aquellas personas (Y no, "no se contraviene la norma aquel o aquellas")
7-A quienes están diciendo esto ( Y no, "a los señores y señoras que están diciendo esto")
8-Te presto un escaño y me lo devuelves. (y no, "te presto un diputado o una diputada y me lo devuelves")
9-Sólo así se entiende que el PSOE preste un escaño (Y no, "sólo así se entiende que el PSOE preste un diputado o una diputada")
10-Y al llegar a este punto (Y no, "llegados y llegadas a este punto")
11-Por si tres escaños le resulta demasiado gravoso (Y no, como sigue recomendando de forma irónicamente académica "por si tres diputados o diputadas")
12- Ceda usted un escaño ( Y no, "ceda usted un diputado o diputada")
Naturalmente, ha sido muy celebrado en Twitter el texto de Pedro Álvarez de Miranda y el palo a Mónica Oltra. Hay alternativas al todos o ninguno, también en el lenguaje. O estamos, o no estamos.
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sábado, 31 de octubre de 2015
Podemos es el PSOE de la Transición
Creo que, como
en Regreso al futuro 2, hemos viajado en el tiempo, lo hemos alterado y regresado a un momento paralelo o alternativo. Concretamente a una Transición
alternativa en la que el PP es la AP del 77, la nueva UCD es lo que va de Ciudadanos al
PSOE y Podemos es el PSOE anterior a su 28 congreso. Queda por ver si los restos de
IU se decidirán a ser el PCE.
Casi todo está
inventado. Tarde o temprano –previsiblemente antes de las elecciones- Podemos
tendrá que dar con un icono de campaña similar al que representaron los carteles que José Ramón Sánchez ideó
para el PSOE en las generales de 1977 y las municipales de 1979. Eso ocurrió antes del congreso, el 28, en el que Felipe González dijo aquello de “compañeros, hay que ser socialista, antes
que marxista”. Aquel día de mayo del 79, González cambió de discurso
y tres años después llegó a la presidencia del Gobierno y nos llevó por un camino que, posiblemente, no era el que imaginó cuando le llamaban 'Isidoro'. Visto desde el 2015 de hoy, diríamos que fue cuando se cortó la coleta.
Pablo Iglesias
es el Felipe González anterior al congreso de 1979, aunque previsiblemente no lo sepa o no
quiera admitirlo. La vida política española actual parece surgida de alguna alteración en el
espacio tiempo como las que llenaban Regreso al futuro 2, que ahora ha cumplido
30 años.
España vive una transición alternativa. Si hemos vuelto a 1979, UCD
ganará las elecciones; es decir que lo que va entre Ciudadanos y el PSOE será
el protagonista. Si ya estamos en el 82
alternativo, gobernará Podemos. Aunque yo no estoy muy seguro de que eso vaya a
suceder ya. ‘Podría’ haber ocurrido si los comicios hubieran llegado inmediatamente después de
las europeas de 2014. Si no sucede eso, y siguiendo el guión de las fábulas sobre los ciclos del tiempo (que, por otra parte, se parecen tanto al análisis de la historia de Oswald Spengler), habrá que esperar un poco más.
Todo está inventado. Todo es previsible. Hasta la sorpresa.
domingo, 23 de agosto de 2015
El primer contrato (y algunos apuntes de los últimos días del Baleares cuando era un periódico del Estado)
Encontré el otro día un
recibo de prestaciones por desempleo del Ministerio de Trabajo correspondiente
al mes de junio de 1984. Un impreso que agotaba los 90 días de paro que me
correspondieron después de mi primer contrato de trabajo: seis meses en el diario
Baleares, cuando lo editaba un organismo estatal llamado Medios de Comunicación Social
del Estado que había heredado, para su posterior liquidación, la cadena del
periódicos “del Movimiento”. El Baleares, el diario Alerta de Santander y
el diario Pueblo, el periódico de los sindicatos franquistas, fueron los
últimos que salieron a la calle con el patrocinio del Estado.
Fue el 17 de mayo de aquel mismo año. Ese día, el titular de apertura
del periódico, acompañado de un editorial titulado ‘Hasta pronto’, era
‘Empresarios mallorquines compraron Baleares’. Un antetítulo precisaba que los
compradores estaban “relacionados con Ultima Hora”.
Cuando salió a la calle
ese ejemplar, todavía me quedaba un mes
de paro. Visto con la perspectiva de 31 años después, la cantidad mensual por desempleo,
parece astronómica y por eso la he
tenido que mirar varias veces: 89.160
pesetas de entonces, que equivalen a 535,86 euros de hoy. Eso quiere decir que,
con mi primer contrato de seis meses, de septiembre de 1983 y a punto de
cumplir 22 años, cobraba aproximadamente
lo mismo que algunos primeros sueldos que se pagan hoy. Es lo que tiene empezar por arriba, o con un sueldo 'alto'. Que luego, vas descendiendo.
Mateo Ramonell, ahora en RTVE, al que he seguido viendo;
Manuel García Vilches –del que ya no he vuelto a saber nada- y yo mismo fuimos,
en septiembre de 1983, los últimos contratados por la sociedad estatal de
periódicos cuando ya estaba en liquidación. Ignorábamos entonces que asistíamos
al final de una época.
El director del ‘Baleares’
se llamaba Heliodoro Muñoz y había aparecido hacía unos meses por Mallorca
después del triunfo del PSOE
en las elecciones del año anterior que llevaron a Felipe González a
la presidencia del Gobierno. Entonces, a los directores del Baleares los
nombraban desde Madrid. Heliodoro Muñoz
no se fiaba de nadie, ni de quienes sobrevivían de la ‘época del
Movimiento’ ni de los ‘comunistas’ que, poco a poco, habían ido incorporándose a la redacción.
Supongo que por eso se fijó en mi. Por eso y porque se había encontrado en el cajón de su mesa con unas cuartillas
mías escritas a máquina que habían sobrevivido allí al paso de sus antecesores. Aquel director tenía poco margen, el
periódico estaba en fase de liquidación, y la única opción que le quedaba eran contrataciones temporales que no llegaran a
consolidarse cuando el diario saliera a subasta.
En el Baleares
de entonces convivían varias
generaciones, varias ideologías y cada cuál tenía un proyecto de cómo debía ser
el futuro. Dos años antes, el director, también nombrado ‘desde Madrid’, era otro. Se llamaba Pedro Ignacio González y recuerdo que me encargó una serie de
reportajes sobre ‘el Gran i General Consell’ ,
que era el referente medieval en que se miraba el ente preautonómico. Yo
estoy convencido de que cuando me encargó esos reportajes también él quería
saber de qué iba todo aquello. La redacción y los talleres del periódico se habían trasladado en
1981 del centro de Palma a un polígono
de empresas, el de Son Castelló, y ahí le llevaba yo mis
folios escritos a máquina. El los leía delante de mí en su despacho y me
insistía en la importancia de ‘la percha con la actualidad’, que era lo que
justificaba que una historia tan alejada
en el tiempo pudiera publicarse en un diario local. Era yo entonces un colaborador ocasional que había empezado como ‘recomendado’
del jefe de Deportes, Lorenzo Ripoll, y
no fue hasta que llegó Heliodoro Muñoz, -un maestro rural que había trabajado
en la agencia estatal de noticias y que sustituía a Pablo Llull, histórico del periódico, que también ocupó brevemente la dirección- cuando me incorporé al diario.
Cada uno (digo cada uno porque creo que sólo había una mujer periodista, Elena Checa) iba a su bola; unos no se hablaban con otros y en la redacción convivían los dos mundos lampedusianos, el que se desmoronaba y el que nacía. Heliodoro me llamaba de vez en cuando y hasta me encargaba que escribiera algunos editoriales, además de otras tareas que no quería hacer nadie más. Algunos veteranos nos miraban con suspicacia a los recién llegados y recuerdo cómo un periodista me dijo que tenía que explicarle exactamente qué estaba haciendo yo pues él formaba parte del comité de empresa, que para entonces exploraba la posibilidad de crear una cooperativa para que el periódico siguiera publicándose cuando lo dejara el Estado, y tenía que estar al tanto de los contratos. No era para menos. Todo el personal del periódico tenía opción a trabajar para la Administración cuando la empresa estatal se liquidase. Quien se quedará con el Baleares se lo quedaría sin personal y libre de cargas. Nuestro contrato ya había vencido cuando el 17 de mayo de 1984 salió a la calle el último Baleares estatal pero todavía colaboraba. El director me había encargado incluso el especial que resumía la historia del periódico, desde 1939 hasta entonces.
Cada uno (digo cada uno porque creo que sólo había una mujer periodista, Elena Checa) iba a su bola; unos no se hablaban con otros y en la redacción convivían los dos mundos lampedusianos, el que se desmoronaba y el que nacía. Heliodoro me llamaba de vez en cuando y hasta me encargaba que escribiera algunos editoriales, además de otras tareas que no quería hacer nadie más. Algunos veteranos nos miraban con suspicacia a los recién llegados y recuerdo cómo un periodista me dijo que tenía que explicarle exactamente qué estaba haciendo yo pues él formaba parte del comité de empresa, que para entonces exploraba la posibilidad de crear una cooperativa para que el periódico siguiera publicándose cuando lo dejara el Estado, y tenía que estar al tanto de los contratos. No era para menos. Todo el personal del periódico tenía opción a trabajar para la Administración cuando la empresa estatal se liquidase. Quien se quedará con el Baleares se lo quedaría sin personal y libre de cargas. Nuestro contrato ya había vencido cuando el 17 de mayo de 1984 salió a la calle el último Baleares estatal pero todavía colaboraba. El director me había encargado incluso el especial que resumía la historia del periódico, desde 1939 hasta entonces.
“La sucinta historia que narramos en estas páginas –escribía
Heliodoro Muñoz en la portada de aquel monográfico que se publicó el 26 de
febrero de 1984- no ha de entenderse como crítica de una época superada, ni de
las sucesivas etapas durante las cuales ‘Baleares’ fue recorriendo el devenir
de España y el quehacer cotidiano del archipiélago”. Y añadía: “Un hombre
joven, que vivió la mitad de su vida en la era del general Franco y la otra en
la democracia la ha construido a matacaballo, como en periodismo se hacen todas
las cosas. Y desde la atalaya de su supuesta objetividad ha oteado el pasado
con mirada limpia de prejuicios y el catalejo de compresión al contexto del
tiempo que fue configurando el periódico”.
Supongo que a algo así se refería Hegel cuando aludió al ‘deseo de reconocimiento’ que hoy tiene en los ‘tuits’ y en las redes sociales una forma práctica de
exhibirse y multiplicarse.
Aquel suplemento aún
enrareció más el ambiente. Hubo periodistas que se negaron a participar,
redactores que no quisieron escribir disconformes con el proceso de
adjudicación que se había puesto en marcha y
veteranos de la ‘vieja guardia’ que no daban por inminente la muerte del diario y que cuestionaron, incluso, el
orden en que se publicaban los artículos. En realidad, dos o tres periodistas,
entre ellos Pablo Llull y Jaime Jiménez,
estaban al tanto del trasfondo de la negociación e intuían cómo iba a acabar
todo. Jaime, aquellos días, bromeaba mucho y su frase favorita era decir "Estamos subastados". Hasta que llegó el día definitivo.
(...)
(...)
‘Baleares no ha muerto’ fue
el titular del 22 de mayo de 1984, después de cuatro días de ausencia de los
quioscos. Lo editaba Premsa Nova SA y llevaba en su primera página un artículo
editorial titulado ‘El nuevo Baleares libre’
(....)
Meses atrás, concretamente el 17 de diciembre de
1982, había tomado posesión de su cargo el nuevo gobernador civil de la provincia, el primero que nombraba en las islas el gobierno
socialista. Se llamaba Carlos Martín
Plasencia. Era leonés, un abogado de 36 años que en 1979 había acudido a la
sede del PSOE, en la calle Santa Engracia de Madrid, para ofrecerse como
economista. Habló con un mallorquín Emilio Alonso, entonces responsable de
Finanzas del partido y pronto congeniaron. De hecho su influencia fue decisiva
en 1982 para aquel nombramiento. El
mismo día de su toma de posesión, visitó la sede del periódico. Heliodoro Muñoz
llegaría en abril del año siguiente. Y, con él, mi primer contrato. Guardado queda en esta caja de cosas.
(...)
miércoles, 22 de julio de 2015
Mozart, el nuevo Gobierno e IB3
Principios de los ochenta. Cuando El
País era El País, Manuel Vicent escribió un artículo que se titulaba ‘No pongas
tus sucias manos sobre Mozart’.Contaba que presenciaba una fiesta que había
organizado su hija, educada en una cultura de izquierdas, cuando alguien se
acercó a un disco de Mozart. Y que él, que aceptaba todo, no pudo menos que
saltar para evitar que lo cogiera. ‘No pongas tus sucias manos sobre Mozart’.
Eran los años en que todo parecía permitido; Felipe había ganado las elecciones en España y
se inició la época aparentemente más libre que ha vivido este país, aquellos
ochenta en los que todo se veía posible.
Quizá algo de razón tengan los de
Podemos cuando nos dicen que nos creímos demasiado la Transición y que la hemos
idealizado. Quizás. Pero la realidad es que los de Podemos, aquí en Baleares y
en otras ciudades y comunidades, han jugado un papel determinante para que los
herederos, y herederas, del socialismo de los ochenta vuelvan a gobernar.
Hasta es posible, y estos días se ha
visto en las Islas, que hayan soñado con
IB3, la televisión autonómica y los medios de comunicación. Un nuevo gobierno
acaba de estrenarse y sólo se me ocurre tomar prestado parte del titular de Vicent,
que no pongan sus manos sobre los medios de comunicación, ni siquiera sobre
IB3.
No escribiré sus ‘sucias manos’,
porque nada hay tan limpio como gobernar tras unas elecciones. Pero sí, que
será un gran error extender su poder sobre los medios. Que no los compren, por favor. No sirve para nada. Ni
con los públicos, ni con los privados.
IB3 no
le ha servido a ningún gobierno autónomo para ganar las elecciones. Lo intentó
Matas, y resultó bochornoso, cuando se la inventó. Gastó y gastó
y dio programas a amistades del poder que abochornaron al personal y no sirvió
para nada. Tampoco a Bauzá le ha servido para nada controlar IB3. De hecho, el
último presidente del Govern se equivocó mucho con la tele autonómica. Pero no
más que los dos gobiernos de Antich con los medios privados. Tanto Jordi Bayona, que iba de ‘guay’ con algunos
medios (hasta que salió trasquilado) como Gina Garcías, posiblemente la peor responsable de comunicación de un
gobierno de izquierdas, fracasaron estrepitosamente. Es de suponer que Francina
Armengol hará todo lo contrario. Garcías
nunca entendió lo que era IB3 (su gobierno debatió cerrarla unos días y empezar
de cero) y se pensó que con llamar a quejarse a los medios privados bastaba.
Craso error.
El
nuevo gobierno ha empezado mal con IB3. Y no hace falta reunir a una comisión
de expertos para definir el proyecto. Basta con que aclare si quiere una
televisión o un telediario. Basta con que defina si conviene invertir en una
tele en la que se puedan ver programas varios o sólo en un informativo diario. El
coste será diferente. Pero también es posible que ambas propuestas sean compatibles
si, de entrada, no ponen las manos en los informativos. Obviamente, tampoco se trata de que
el modelo de televisión pública lo decidan las demás empresas del sector. Sería como dejar el futuro del hospital de Son Espases en manos de la clínica Juaneda o la Rotger.
Los gobiernos están para tomar decisiones.
Otro
día, más.
jueves, 23 de abril de 2015
Padre nuestro, que estás en los libros
Cada noche anterior al 23 de abril dejo en la mesilla las palabras que nunca ordené y convoco a todos los fantasmas para la misa del día siguiente. Sé que tarde o temprano se me aparecerá Proust y que le culparé de no atreverme a escribir. Ni siquiera esa historia soñada, que encabeza mi cuaderno de principios que no terminaré: la de un tipo que se las ingenia para viajar en el tiempo y suplantarle después de impedir que se conozcan sus padres, que no llegue a nacer y, como consecuencia, no escriba Por el camino de Swann y el resto de la serie del Tiempo perdido. Habré tenido un sueño intranquilo, o no habré pegado ojo por miedo a despertar convertido en un horrible insecto como advierte Kafka, y saldré a la calle con la misma devoción religiosa que, días atrás, otras personas han puesto en visitar iglesias y desfilar entre cera y procesiones. Me crezco cada 23 de abril y es el único día en que me atrevo a proclamar que me corroe la envidia. En días como hoy, por calles en las que los libros se ponen sus mejores galas y silban a nuestro paso, me dejo de medias tintas. Sólo entonces reconozco que admirar y envidiar son sinónimos. Honrarás a quienes te dieron a probar el fruto de la ciencia del bien y del mal, que son los libros, y envidiarás a quienes los escribieron. Este es el nuevo mandamiento. Me confieso sectario de esa religión, de la Iglesia de las Santas Palabras, y confieso que he pecado. Confieso Padre que me carcome la envidia cada vez que sonrío o doy la mano de la paz a quienes son capaces de construir historias además de juntar palabras. Confieso que cada noche anterior al Día del Libro noto el fuego del infierno y me dejo llevar por la soberbia pensando que un día también escribiré yo una historia de doscientas páginas o más. Como si Proust nunca hubiera existido y aún quedaran paraísos que recrear con el sabor de la magdalena. Amén.
(Publicado, con ligeras variaciones, en el diario Ultima Hora del 23 de abril de 2015)
(Publicado, con ligeras variaciones, en el diario Ultima Hora del 23 de abril de 2015)
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