sábado, 31 de octubre de 2015

Podemos es el PSOE de la Transición

Creo que, como en Regreso al futuro 2, hemos viajado en el tiempo,  lo hemos alterado y   regresado a un momento paralelo o alternativo. Concretamente a una Transición alternativa en la que el PP es la AP del 77, la nueva UCD es lo que va de Ciudadanos al PSOE y  Podemos es el PSOE anterior a su 28 congreso. Queda por ver si los restos de IU se decidirán a ser el PCE.

Casi todo está inventado. Tarde o temprano –previsiblemente antes de las elecciones- Podemos tendrá que dar con un icono de campaña similar al que representaron los carteles que José Ramón Sánchez ideó para el PSOE en las generales de 1977 y las municipales de 1979. Eso ocurrió  antes del congreso, el 28, en el que Felipe González dijo  aquello de  “compañeros, hay que ser socialista, antes que marxista”. Aquel día  de mayo del 79, González cambió de discurso y tres años después llegó a la presidencia del Gobierno y nos llevó por un camino que, posiblemente, no era el que imaginó cuando le llamaban 'Isidoro'. Visto desde el 2015 de hoy, diríamos que fue cuando se cortó la coleta.

Pablo Iglesias es el Felipe González anterior al congreso de 1979,  aunque previsiblemente  no lo sepa  o no quiera admitirlo. La vida política española actual parece surgida de alguna  alteración en el espacio tiempo como las que llenaban Regreso al futuro 2, que ahora ha cumplido 30 años.

 España vive una transición alternativa. Si hemos vuelto a 1979, UCD ganará las elecciones; es decir que lo que va entre Ciudadanos y el PSOE será el protagonista. Si ya estamos  en el 82 alternativo, gobernará Podemos. Aunque yo no estoy muy seguro de que eso vaya a suceder ya.  ‘Podría’ haber ocurrido si los comicios hubieran llegado inmediatamente después de las europeas de 2014. Si no sucede eso, y siguiendo el guión de las fábulas sobre los ciclos del tiempo (que, por otra parte, se parecen  tanto al análisis de la historia de Oswald Spengler), habrá que esperar un poco más. 
Todo está inventado. Todo es previsible. Hasta la sorpresa.

domingo, 23 de agosto de 2015

El primer contrato (y algunos apuntes de los últimos días del Baleares cuando era un periódico del Estado)




 Encontré el otro día un recibo de prestaciones por desempleo del Ministerio de Trabajo correspondiente al mes de junio de 1984. Un impreso que agotaba los 90 días de paro que me correspondieron después de mi primer contrato de trabajo: seis meses en el diario Baleares, cuando lo editaba un organismo estatal llamado Medios de Comunicación Social del Estado que había heredado, para su posterior liquidación, la cadena del periódicos  “del Movimiento”.  El Baleares, el diario Alerta de Santander y el diario Pueblo, el periódico de los sindicatos franquistas, fueron los últimos que salieron a la calle con el patrocinio del Estado.  Fue el 17 de mayo de aquel mismo año. Ese día, el titular de apertura del periódico, acompañado de un editorial titulado ‘Hasta pronto’, era ‘Empresarios mallorquines compraron Baleares’. Un antetítulo precisaba que los compradores estaban “relacionados con Ultima Hora”.
Cuando salió a la calle ese   ejemplar, todavía me quedaba un mes de paro. Visto con la perspectiva de 31 años después, la cantidad mensual por desempleo, parece astronómica y por eso la  he tenido que mirar  varias veces: 89.160 pesetas de entonces, que equivalen a 535,86 euros de hoy. Eso quiere decir que, con mi primer contrato de seis meses, de septiembre de 1983 y a punto de cumplir 22 años,  cobraba aproximadamente lo mismo que algunos primeros sueldos que se pagan hoy. Es lo que tiene empezar por arriba, o con un sueldo 'alto'. Que luego, vas descendiendo.
Mateo Ramonell,  ahora en RTVE, al que he seguido viendo; Manuel García Vilches –del que ya no he vuelto a saber nada- y yo mismo fuimos, en septiembre de 1983, los últimos contratados por la sociedad estatal de periódicos cuando ya estaba en liquidación. Ignorábamos entonces que asistíamos al final de una época. 
El director del ‘Baleares’ se llamaba Heliodoro Muñoz y había aparecido hacía unos meses por  Mallorca  después del triunfo del PSOE en las elecciones del año anterior que llevaron a Felipe González a la presidencia del Gobierno. Entonces, a los directores del Baleares  los nombraban desde Madrid. Heliodoro Muñoz  no se fiaba de nadie, ni de quienes sobrevivían de la ‘época del Movimiento’ ni de los ‘comunistas’ que, poco a poco,  habían ido incorporándose a la redacción. Supongo que por eso se fijó en mi. Por eso y porque se  había encontrado en el cajón de su mesa con unas  cuartillas  mías escritas a máquina que habían sobrevivido  allí al paso de sus antecesores.  Aquel director tenía poco margen, el periódico estaba en fase de liquidación, y la única opción que le quedaba eran  contrataciones temporales que no llegaran a consolidarse cuando el diario saliera a subasta.


 En el Baleares  de entonces  convivían varias generaciones, varias ideologías y cada cuál tenía un proyecto de cómo debía ser el futuro. Dos años  antes,  el director, también  nombrado ‘desde  Madrid’, era otro.  Se llamaba Pedro Ignacio González   y recuerdo que me encargó una serie de reportajes sobre ‘el Gran i General Consell’ ,  que era el referente medieval en que se miraba el ente preautonómico. Yo estoy convencido de que cuando me encargó esos reportajes también él quería saber de qué iba todo aquello. La redacción y los talleres  del periódico se habían trasladado en 1981  del centro de Palma a un polígono de empresas, el de Son Castelló,  y  ahí le llevaba  yo mis  folios escritos a máquina. El los leía delante de mí en su despacho y me insistía en la importancia de ‘la percha con la actualidad’, que era lo que justificaba que una historia  tan alejada en el tiempo pudiera publicarse en un diario local. Era yo entonces  un colaborador ocasional que había empezado como  ‘recomendado’ del jefe de Deportes, Lorenzo Ripoll,  y no fue hasta que llegó Heliodoro Muñoz, -un maestro rural que había trabajado en la agencia estatal de noticias y que sustituía a Pablo Llull,  histórico del periódico, que también  ocupó brevemente la dirección-  cuando me incorporé al diario.
Cada uno (digo cada uno porque creo que sólo había una mujer periodista, Elena Checa) iba a su bola; unos no se hablaban con otros y en la redacción convivían los dos mundos lampedusianos, el que se desmoronaba y el que nacía.  Heliodoro me llamaba de vez en cuando y hasta me encargaba que escribiera algunos editoriales, además de otras tareas que no quería hacer nadie más. Algunos  veteranos nos miraban con suspicacia a los recién llegados  y recuerdo cómo un periodista me dijo que tenía  que explicarle exactamente qué estaba haciendo yo pues él formaba parte  del comité de empresa, que  para entonces exploraba la posibilidad de crear una cooperativa para que el periódico siguiera publicándose cuando lo dejara el Estado,   y tenía que estar al tanto de los contratos. No era para menos. Todo el personal del periódico tenía opción a trabajar para la Administración cuando la empresa estatal se liquidase. Quien se quedará con el Baleares se lo quedaría sin personal y libre de cargas. Nuestro contrato ya había vencido cuando el 17 de  mayo de 1984 salió a la calle el último Baleares estatal pero todavía colaboraba.  El director me había encargado incluso el especial que resumía la historia del periódico, desde 1939 hasta entonces. 

“La sucinta historia  que narramos en estas páginas –escribía Heliodoro Muñoz en la portada de aquel monográfico que se publicó el 26 de febrero de 1984- no ha de entenderse como crítica de una época superada, ni de las sucesivas etapas durante las cuales ‘Baleares’ fue recorriendo el devenir de España y el quehacer cotidiano del archipiélago”. Y añadía: “Un hombre joven, que vivió la mitad de su vida en la era del general Franco y la otra en la democracia la ha construido a matacaballo, como en periodismo se hacen todas las cosas. Y desde la atalaya de su supuesta objetividad ha oteado el pasado con mirada limpia de prejuicios y el catalejo de compresión al contexto del tiempo que fue configurando el periódico”.  Supongo que a algo así se refería Hegel cuando aludió al  ‘deseo de reconocimiento’   que hoy tiene en los ‘tuits’ y en las redes sociales una forma práctica de exhibirse y multiplicarse.
Aquel suplemento aún enrareció más el ambiente. Hubo periodistas que se negaron a participar, redactores que no quisieron escribir disconformes con el proceso de adjudicación que se había puesto en marcha y  veteranos de la ‘vieja guardia’ que no daban por inminente la muerte del diario   y que cuestionaron, incluso, el orden en que se publicaban los artículos. En realidad, dos o tres periodistas, entre ellos  Pablo Llull y Jaime Jiménez, estaban al tanto del trasfondo de la negociación e intuían cómo iba a acabar todo. Jaime, aquellos días, bromeaba mucho y su frase favorita era decir "Estamos subastados". Hasta que llegó el día definitivo.
(...)
‘Baleares no ha muerto’ fue el titular del 22 de mayo de 1984, después de cuatro días de ausencia de los quioscos. Lo editaba Premsa Nova SA y llevaba en su primera página un artículo editorial titulado ‘El nuevo Baleares libre’
(....)
 Meses  atrás, concretamente el 17 de diciembre de 1982, había tomado  posesión de su  cargo el nuevo  gobernador civil de la provincia, el primero que nombraba en las islas el  gobierno socialista. Se llamaba  Carlos Martín Plasencia. Era leonés, un abogado de 36 años que en 1979 había acudido a la sede del PSOE, en la calle Santa Engracia de Madrid, para ofrecerse como economista. Habló con un mallorquín Emilio Alonso, entonces responsable de Finanzas del partido y pronto congeniaron. De hecho su influencia fue decisiva en 1982 para aquel  nombramiento. El mismo día de su toma de posesión, visitó la sede del periódico. Heliodoro Muñoz llegaría en abril del año siguiente. Y, con él, mi primer contrato.   Guardado queda en esta caja de cosas.
(...)

miércoles, 22 de julio de 2015

Mozart, el nuevo Gobierno e IB3

Principios de los ochenta. Cuando El País era El País, Manuel Vicent escribió un artículo que se titulaba ‘No pongas tus sucias manos sobre Mozart’.Contaba que presenciaba una fiesta que había organizado su hija, educada en una cultura de izquierdas, cuando alguien se acercó a un disco de Mozart. Y que él, que aceptaba todo, no pudo menos que saltar para evitar que lo cogiera. ‘No pongas tus sucias manos sobre Mozart’. Eran los años en que todo parecía permitido; Felipe había ganado las elecciones en España y se inició la época aparentemente más libre que ha vivido este país, aquellos ochenta en los que todo se veía  posible.
Quizá algo de razón tengan los de Podemos cuando nos dicen que nos creímos demasiado la Transición y que la hemos idealizado. Quizás. Pero la realidad es que los de Podemos, aquí en Baleares y en otras ciudades y comunidades, han  jugado un papel determinante para que los herederos, y herederas, del socialismo de los ochenta vuelvan a gobernar.
Hasta es posible, y estos días se ha visto en  las Islas, que  hayan soñado con IB3, la televisión autonómica  y  los medios de comunicación. Un nuevo gobierno acaba de estrenarse y sólo se me ocurre tomar prestado parte del titular de Vicent, que no pongan  sus manos sobre los medios de comunicación, ni siquiera sobre IB3.
No escribiré sus ‘sucias manos’, porque nada hay tan limpio como gobernar tras unas elecciones. Pero sí, que será un gran error extender su poder sobre los medios. Que no los compren, por favor. No sirve para nada. Ni con los públicos, ni con los privados.
IB3 no le ha servido a ningún gobierno autónomo para ganar las elecciones. Lo intentó Matas, y resultó bochornoso, cuando se la inventó.  Gastó y gastó y dio programas a amistades del poder que abochornaron al personal y no sirvió para nada. Tampoco a Bauzá le ha servido para nada controlar IB3. De hecho, el último presidente del Govern se equivocó mucho con la tele autonómica. Pero no más que los dos gobiernos de Antich con los medios privados. Tanto  Jordi Bayona, que iba de ‘guay’ con algunos medios (hasta que salió trasquilado) como Gina Garcías, posiblemente la peor responsable de comunicación de un gobierno de izquierdas, fracasaron estrepitosamente. Es de suponer que Francina Armengol hará todo lo contrario. Garcías nunca entendió lo que era IB3 (su gobierno debatió cerrarla unos días y empezar de cero) y se pensó que con llamar a quejarse a los medios privados bastaba. Craso error.
El nuevo gobierno ha empezado mal con IB3. Y no hace falta reunir a una comisión de expertos para definir el proyecto. Basta con que aclare si quiere una televisión o un telediario. Basta con que defina si conviene invertir en una tele en la que se puedan ver programas varios o sólo en un informativo diario. El coste será diferente. Pero también es posible que ambas propuestas sean compatibles si, de entrada, no ponen las manos en los informativos. Obviamente, tampoco se trata de que el modelo de televisión pública lo decidan las demás empresas del sector. Sería como dejar el futuro del hospital de  Son Espases en  manos de la  clínica  Juaneda o la Rotger.
 Los gobiernos están para tomar decisiones.
Otro día,  más.

jueves, 23 de abril de 2015

Padre nuestro, que estás en los libros

 Cada noche anterior al 23 de abril dejo en la mesilla las palabras que nunca ordené y convoco a todos los fantasmas para la misa del día siguiente. Sé que tarde o temprano se me aparecerá Proust y que le culparé de no atreverme a escribir. Ni siquiera esa historia soñada, que encabeza mi cuaderno de principios que no terminaré: la de un tipo que se las ingenia para viajar en el tiempo y suplantarle después de  impedir que se conozcan sus padres, que no llegue a nacer  y, como consecuencia,  no escriba   Por el camino de Swann y el resto de la serie del  Tiempo perdido.   Habré tenido un sueño intranquilo, o no habré pegado ojo por miedo a despertar convertido en un horrible insecto como advierte Kafka, y saldré a la calle con la misma devoción religiosa  que, días atrás, otras personas han puesto en visitar iglesias y desfilar entre cera y procesiones. Me crezco cada 23 de abril y es el único día en que me atrevo a proclamar que me corroe la envidia. En días como hoy, por calles en las que los libros se ponen sus mejores galas y  silban a nuestro paso, me dejo de medias tintas. Sólo entonces reconozco  que admirar y envidiar son sinónimos. Honrarás a quienes te dieron a probar el fruto de la ciencia del bien y del mal, que son los libros, y envidiarás a quienes los escribieron. Este es el nuevo mandamiento. Me confieso sectario de esa religión, de la Iglesia de las Santas Palabras, y confieso que he pecado. Confieso Padre que me carcome la envidia cada vez que sonrío o doy la mano de la paz a quienes son capaces de construir historias además de juntar palabras. Confieso que cada noche anterior al Día del Libro noto  el fuego del infierno y me dejo llevar por la soberbia pensando que un día también escribiré yo una historia de doscientas páginas o más. Como si Proust nunca hubiera existido y aún quedaran paraísos que recrear con el sabor de la magdalena. Amén.

(Publicado, con ligeras variaciones,  en el diario Ultima Hora del 23 de abril de 2015)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

No es Podemos. Es Puedo

Perdón por discrepar. Pero Podemos sólo funcionará cuando no sea sólo una opción electoral. Podemos sólo funcionara, y posiblemente tenga mayoría, el día que decidamos hacer , uno a uno y una a una, todo lo que pensamos que Podemos hará por nosotros. Es decir, recuperar todo lo que voluntariamente hemos entregado estos tiempos negros. Ejemplo, los sueldos que nos congelaron o redujeron hace tres años, la voz que empezamos a bajar, o la obediencia manifiesta a la que  nos entregamos con la excusa de que la crisis terminaría.   Podemos, o lo que representa Podemos, tiene que ser un grito individual, en el trabajo, en la escuela y en la casa. Que nos devuelvan lo que fuimos, en definitiva. O lo que creímos que fuimos, que tanto da.  Si lo fiamos todo a unas elecciones y a un Gobierno, no cambiará nada. Si el personal tiene miedo a un partido que nunca se ha presentado a las elecciones, generales, qué decir a  millones de individualidades. Por  eso es tan importante no perder el norte con las  próximas elecciones,  ni con la televisiones ni con la propaganda. Lo importante sigue siendo el ‘yo’.No es Podemos. Es Puedo.Feliz 2015.

miércoles, 29 de octubre de 2014

¿El periodismo de papel es 'la casta'?

 El próximo ciclo electoral (municipales, autonómicas y  generales) no será sólo una prueba para el modelo actual de partidos. Será, sobre todo -y ya lo está siendo-  un termómetro que  medirá  la influencia y el papel de los medios de comunicación ante unas elecciones que tienen pocos precedentes y que parecen apuntar a que nada volverá a ser como antes.
Casi todos los medios de comunicación han publicado  encuestas de intención de voto. Los mismos sondeos que, meses atrás, no vieron si por asomo a Podemos, lo han situado  ahora como clave para futuras mayorías. No hay encuesta que se precie que no incluya en sus gráficos a Podemos y hasta se le atribuye la responsabilidad de decidir si debe seguir gobernando el Partido Popular o si tiene  que permitir que gobierne el PSOE. Todo eso, ignorando que Podemos llevaba ya bastante tiempo dejando caer que  hacer de árbitro no era su propósito. Es igual. Los medios han  seguido con  análisis de otras épocas, de aquellos tiempos en los que las elecciones eran obra de dos protagonistas principales y un grupo de secundarios salía a escena para dar color a una  representación sin sorpresas.  Es un debate político-periodístico con planteamientos que todavía tenían sentido  hace una década pero que tienen poco que ver con la realidad actual. Además,  la mayoría de las encuestas incluyeron a Podemos con sus siglas en las municipales antes de que su asamblea acordara  que no optarían a los ayuntamientos aunque sí a los parlamentos autonómicos.  Será difícil establecer comparaciones con procesos anteriores porque tendrán poco que ver.

Durante mucho tiempo política y medios de comunicación han sido la imprescindible pareja de baile Se han necesitado, o utilizado, mútuamente como  parte del espectáculo. Igual que, en estos nuevos tiempos, se señala con insistencia al bipartidismo o la casta (que no es más que la manera amable de llamar a la oligarquía de siempre), también habrá  que preguntarse hasta qué punto esa otra pareja (política y medios), está obligada a cambiar su relación para que no se convierta en una variante de ese sistema. Los programas de cotilleo político son un vivo ejemplo y un ovillo del que habrá que tirar. La aparente pluralidad de algunos programas no es  indicador  de pluralidad sino más bien de cambalache. O de simple estrategia. Lo ha admitido recientemente  Juan Carlos Monedero: si nos llaman a la Sexta es porque le subimos la audiencia. 
De aquí a unos meses, con la llegada del nuevo año,  entraremos en un tiempo diferente que sólo terminará de completarse  ante nuestros ojos cuando haya finalizado el ciclo electoral. Puede que entonces, después de las generales de 2015,  se haya formado un Parlamento que tenga poco que ver con el actual. De cualquier modo, también cambiará el mundo de los medios de comunicación  que están  transitando (aunque ya tienen una parte andada)  por el mismo camino de incertidumbre que la vida política.

Todo lo que se está moviendo  ahora en  los partidos políticos, empezó a moverse recién iniciado el siglo en los medios de comunicación.  La prensa escrita bien podría equivaler ahora a  PSOE y PP, por representar en estos dos  partidos a la vieja política, a 'la casta'.  Y lo que arrastra Podemos y todo el activismo en red (aún cargado de incógnitas) respondería a su  equivalente en los medios digitales. Como la transformación de los medios empezó antes que la de los partidos, parece claro que, en la política, habrá una etapa de cohabitación. Las elecciones empezarán a modificar el mapa pero no lo sustituirán por otro.
 Ya no hay ninguna empresa que se plantee seriamente seguir utilizando únicamente el soporte de papel para sobrevivir y,  aunque a mí me atraiga especialmente la tinta impresa y la lectura sosegada,  tengo claro que ya no soy un representante de las nuevas mayorías. Es una simple cuestión generacional. No es culpa de la crisis -si se exceptúa que con la crisis se acabaron buena parte de las ayudas públicas y que  el pastel publicitario se 'diversificó-,  sino del cambio social y del cambio de hábitos. Los periódicos de papel no desaparecerán del todo, como no lo harán  PSOE y PP, pero parece claro que después de las elecciones dejarán de ser los protagonistas absolutos. Del mismo modo que Podemos  y su mundo  no sustituirá a 'la casta',    habrá que contar con quienes les siguen. Igual que los medios tradcionales empezaron a ponerse nerviosos hace diez años (y muchos parecen haber enloqueceido en estos días de 2014), el bipartidismo ya le ha visto las orejas al lobo.
Los medios intentan adaptarse a la nueva realidad y muchas veces parecen tener problemas en contarla. Ya no es posible hacerlo de una  única manera como ya no es posible abordar  unas elecciones con los planteamientos de la Transición. Después de las elecciones será hora de pasar cuentas. No únicamente entre los partidos. También entre los medios; por ejemplo de cómo primero no vieron a Podemos y luego lo han visto en cada esquina. A los medios les cuesta admitir la evidencia. Seguramente, y con independencia del  resultado, todas las encuestas se considerarán a  sí mismas acertadas. Todos los medios pugnarán por haber avanzado lo que suceda en 2015, sea lo que sea. Todos habrán ganado, que es lo que dicen tras pasar por las urnas los partidos de la vieja casta.

sábado, 5 de julio de 2014

Con Pedro Jota Ramírez en los días del pacto (1999)

Pedro J. ya había iniciado sus vacaciones en Mallorca aquel   10 de julio de 1999 en que el Consejo Político de Unió Mallorquina  (UM) anunció que  apoyaría al socialista Antich como candidato a la Presidencia del Govern y,  esa tarde,  se pasó por la redacción del periódico en Palma. El periódico había salido con  un gran titular en la primera página. El siguiente:  'UM, a punto de rechazar la mejor oferta realizada por el PP a una autonomía'.
 La información, y hasta el modo de presentarla, era muy parecida a la de otros medios. No sé cómo debió ser la tarde  en UH o DM  pero sí cómo había  sido la de El Mundo de Baleares, que para entonces dirigía Luis Fidalgo. Recuerdo que, en algún momento, entré con Tomás Bordoy al despacho de Fidalgo y hablamos.  Aquellos días, desde las elecciones autonómicas del 12 de junio  en que el PP se quedó sin mayoría absoluta, fueron  días de mucho  despacho. Había una doble entrada de información. De una parte,  la que ibas consiguiendo por ahí, en ruedas de prensa, conversaciones y llamadas. Y, de otra,  la que te llegaba directamente al periódico. Llegaba del Consolat de Mar o 'de Madrid'.
 Los periódicos 'de Madrid' - en una época sin Twitter ni Face-, las teles y las radios habían convertido a Baleares en protagonista. El ABC, La Razón  y la Cope llevaban informaciones incendiarias, hablaban de 'Bofetada a la democracia en Baleares' y, en general, daban lecciones de todo. El País, más 'independiente' y discreto,  también incluía esa información facilitada desde el poder pero la difuminaba con otras. El País siempre ha tenido un no sé qué para estas cosas.
Ni entonces, ni años después cuando puedo escribir con cierta perspectiva de todo aquello, logro entender qué tenía Baleares y su gobierno autonómico para que se promoviera aquella operación que intentó impedir que se formara un gobierno de izquierdas en las Islas. Los medios pontificaban de todos los males que podían llegar a esta comunidad y daban lecciones. Imaginen a 13TV hablando de Podemos. Pues eso ocurría en 1999 en relación a Baleares.
El 18 de julio, cuando casi  estaba resuelto todo lo que pretendo recordar, Leonor Taboada publicó una columna en El Mundo de Baleares  Se llamaba 'El ocaso de los popes' y arrancaba así: "De ahora en más, hombres y mujeres de estas Islas, tenemos derecho a no creer nada de lo que nos cuenten desde Madrid". Taboada, que es un referente en el feminismo y en la  lucha por la visibilización de las mujeres (http://jutobla.blogspot.com.es/2013/03/la-maleta-del-8-de-marzo-la-epopeya-de.html) era columnista del periódico desde que, años atrás, cuando se llamaba El Día 16, Tomás Bordoy le  planteó una arriesgada apuesta y le encargó la contraportada de los sábados con una sección de análisis de lo que publicaban las  revistas del corazón.  Taboada, aquel  día de julio,  reflexionaba sobre  el estrepitoso fracaso de 'los columnistas habituales' de Madrid a la hora de anticipar lo que iba a ocurrir  en la política balear. Y concluía: "Las elecciones de Baleares han demostrado también que la estrategia de gastarse el dinero público en campañas de autobombo no funciona, y que la estúpida opinión pública no es tan estúpida. Han fallado los popes del periodismo y han fracasado estrepitosamente los de la propaganda y la publicidad".

 Creo que nunca veré  nada igual a  aquello que viví en los días  que fueron del  12 de junio  al  3   de agosto,    cuando se cerró todo el baile  de cambios y yo me fui de vacaciones.  No recuerdo muy bien si Tomás estaba en la redacción la tarde del 10 de julio cuando entré al despacho del director y me senté con Pedro J. para hablar de UM,  de lo que había pasado esa mañana, de lo que ese partido significa para la política balear  y sobre cuál sería   el gran titular de la  portada del día siguiente. El director de El Mundo escuchaba y, a la vez, miraba fotos y hablaba con Fidalgo. Preguntaba, gesticulaba, emitía un curioso sonido al respirar que otros han relatado en libros y aparentaba seguridad en sí mismo. Era como si lo controlara todo, como si tuviera el mundo en sus manos. En pocos minutos resolvió (para mi asombro) dos portadas de periódico, la que saldría al día siguiente en Baleares y la de Madrid. Cogió una planilla, garabateó algo, miró a Fidalgo y dictó: 'Munar desdeña la oferta del PP y apoya inicialmente a Antich'. Había reservado un espacio para un pie de foto con información. Le recuerdo pensando,  mirándonos y decidiendo el titularcillo:  'El desquite de Munar'. Ahí, en ese pie que había que redactar, se contaría cómo Munar se vengaba, con ese pacto, de un lejano  día de 1992 en que Cañellas la echó del Govern. Y Pedro J, mientras, decidía el titular grande de 'nuestra' portada, daba con el que El Mundo iba a colocar para el resto de país, en la edición nacional: 'Un pequeño partido de centro derecha entrega Baleares al Psoe'. Si algo aprendí a mi paso por ese periódico fue la importancia de las fotos comentadas.
Nunca olvidaré aquella tarde, ni  otras muchas tardes de aquellas semanas intensas en que todos los poderes del Estado parecían conjurarse para que Jaume Matas siguiera gobernando en Baleares.
Lo que llegó a ofrecer el PP a Unió Mallorquina se publicaba en la  edición del 10 de julio que teníamos sobre la mesa cuando Pedro Jota decidía  una 'primera' que a mí me parecía histórica. Aznar había ofrecido  a Baleares  competencias de las 'comunidades históricas', instituciones penitenciarias, policía autonómica, gestión del IVA e impuestos especiales; además de  inversiones estatales de 100.000  millones de pesetas  en cuatro años y un presupuesto autonómico nunca visto. Además de que UM eligiera la presidencia de la caja de ahorros ‘Sa Nostra’ y otras zarandajas.  Todo para que el PP de Matas siguiera en el poder. Pero UM dijo no (Munar se negó a que Javier Arenas le entregara la propuesta personalmente) y apoyó 'inicialmente' a Antich.
  En aquella reunión también hablamos de Itema, la 'ITV de UM' que bien podría ser el inicio de un modo de operar que luego marcaría la política insular. Un resumen de aquella historia se publicó coincidiendo con la toma de posesión de Maximiliano Morales como presidente del Parlament. Morales anda estos días de 2014 enfrascado en sus memorias. Y aprovecho la ocasión para aclarar algo: que yo no maté a Liberty Valance. Es decir, que la primera información relacionando la destitución de Munar por Cañellas en 1992 con Itema  no la firmaba yo. Es cierto que, en noviembre del 92, ya indagaba esa historia y participé en darle trascendencia. Pero aquella información del 25 de noviembre estaba firmada por dos buenos amigos periodistas que ya han fallecido: Macià Riera y Joan Pericàs. Suyo es el mérito.

Y basta por hoy. Vamos a quedarnos en aquellos días de complejos pactos y relaciones apasionantes entre el mundo de la política y los medios que desembocaron, a finales de julio de 1999, en la toma de posesión del socialista Antich como presidente de Baleares.  ¿Qué pasó  luego?,  ¿Por qué Pedro J. escribió una carta dominical en agosto de 2002 defendiendo 'una boda' entre Matas y Munar (la llamó 'La boda que necesita Baleares'), ¿por qué el combativo libro de Esteban Urreiztieta (Mallorca es nostra, La Esfera de los libros, Madrid, 2011) pasa por encima de este asunto?  ¿Por qué Eduardo Inda    se cree Cristóbal Colón? Son historias que  intento recopilar en esta Caja de Cosas.



miércoles, 28 de mayo de 2014

Desde el otro lado de la urna (y una mirada a los medios)

Participar en ese momento preciso en que se cantan los nombres de las papeletas que van saliendo de una urna es como ver por primera vez una rotativa de periódico en pleno funcionamiento.  Sabes que estás participando en el nacimiento de algo;  sabes que cuando el acta de la mesa electoral  esté redactada, y firmada,  será cómo cuando coges el primer ejemplar del periódico y miras la portada. Entonces pensarás en todo lo que ha pasado antes de llegar a ese momento y recordarás los buenos y los malos momentos del proceso previo.
    El 25 de mayo de 2014  estuve de vocal  electoral en una de las mesas de votación de Palma.  Mucho de lo que vi me llamó la atención.  Si  a veces -- desde los periódicos y sabiendo cómo funcionan--  nos preguntamos   cómo es posible que  al día siguiente pueda haber  un ejemplar  en la calle con una información más o menos precisa, participando en una mesa electoral y en una jornada completa de votaciones, te haces una pregunta aún más trascendente: cómo es posible que  el sistema funcione y que  al día siguiente haya resultados después de haber tenido  en nuestras manos  la gestión temporal de las papeletas de votación.  Gente de la calle, sin haber sido instruida previamente, tiene (tenemos)  que intervenir en procesos capitales y hasta tomar decisiones.                     
  A veces ves cosas que si te las contaran no las creerías: como la llegada de sobres que, te dicen, contienen otros sobres con el voto por correo. Un funcionario o funcionaria del servicio postal se acerca a las mesas, te da los sobres y hace firmar unos recibís. ¿Y qué haces tú con todo ese material sensible hasta que, una vez concluida la votación, tienes que introducirlo  en la urna? No existen urnas de custodia previa  ni cajas selladas ni nada parecido. En mi mesa se decidió dejarlos bajo la urna hasta el momento en que hubiera que introducirlos con los demás.  Y confiar en que ninguno se perdiera por el camino o quedase traspapelado.
  Lo de las cabinas y la privacidad del voto también te permite hacer dudar de cómo es posible que el sistema pueda llegar a funcionar. A veces llega algún apoderado  de un partido raro (de esos que no salen en el guión y que no son ni PP ni PSOE  ni siquiera Izquierda Unida) y pregunta por qué sólo  hay  papeletas de los grandes en las cabinas. La normativa es clara: o todas o ninguna. Cuando los casilleros de los cabinas no bastan, todas las papeletas (y sobres vacíos) van una mesa anexa. La gente mira las papeletas con ojos escrutadores a su espalda.  Ojos que ven perfectamente lo que votas y  tú, si eres quien está eligiendo papeleta,  sabes que te están viendo. A veces los apoderados  de los partidos, si saben  qué votantes están afiliados, no les dejan hasta que han  cogido la opción  ‘conveniente’. Incluso una apoderada del PP me vino a preguntar si ya habían votado algunas personas que estaban en el censo. Y me leyó los nombres para que lo comprobara. Entiendo que luego les llamó por teléfono o les mandó un mensaje para que se acercaran al colegio electoral. No le hicieron mucho caso. El domingo se quedó en casa más gente del PP que lo que es habitual.
  Ante la mesa de la urna llega  gente que no sabe cómo se vota, que viene sin sobre ni papeleta y se limita a enseñarte el DNI pensando que con eso basta  Conté al menos tres que entendían que en eso consistía votar:  en  pasar por delante de la urna y enseñar algún documento acreditativo.
 Yo ya se que, en estos momentos, estoy haciendo lo mismo que aquel periodista que llegó a Barcelona para   dirigir un   periódico y  que su primera decisión, después de un paseo previo,  fue encargar un reportaje sobre lo animadas que estaban las Ramblas en Barcelona Quien se dedica al periodismo tiende a pensar que hasta que no lo has contado por primera vez,  nunca ha pasado nada antes. Que el mundo no empieza hasta que tú lo cuentas, vamos. Supongo que, por eso, estoy escribiendo de una jornada electoral vista desde el otro lado de la urna.   Por eso, y porque a la vista de los resultados del domingo , también hay que constatar los fallos garrafales que han cometido los medios. Desde dar por hecho que habría más abstención que nunca porque 'estas elecciones no interesan a nadie' a no captar hacia qué  lado iba a canalizarse el hartazgo al sistema.
    Un sistema que no es un ente abstracto. El sistema no son sólo los partidos políticos, las instituciones o los bancos. El sistema no es sólo la maquinaria electoral que marca un día de elecciones. Ni esos funcionarios llamados representantes de la Administración que  se mueven entre las mesas para enviar resultados y que presencian, con la indiferencia que proporciona 37 años de urnas, todos los puntos débiles de la jornada. El sistema no sólo es eso. El sistema son también los medios de comunicación. Los públicos, pero también los privados.