domingo, 11 de agosto de 2013

Atrapado en el espacio tiempo (Una reflexión desde el paréntesis)

Estoy convencido de que el 24 de julio de 2013, el día que viajé a Boquiñeni, me atrapó algo muy parecido a un bucle temporal que provocó una alteración en el espacio tiempo y deduzco que ahora habito en un universo paralelo, de los muchos posibles, que no es el mismo que dejé. Para entendernos: ‘Regreso al futuro II’ lo explica más o menos.
Esta no es una anotación como otras que ido guardando hasta ahora en esta ‘Caja de cosas’. Esta es una reflexión desde lo que yo creía un paréntesis en el que habitan letras minúsculas y juguetonas; como la ‘s’ en la que nunca sabes si vienes o vas, la ‘m’, que es como una montaña rusa o la ‘t’, sobre la que te puedes sentar y apoyar cómodamente la espalda mientras sacas la cabeza para ver lo que pasa fuera.
A la mínima que puedo, cada año por estas fechas, viajo en busca del tiempo perdido. Como escribió una vez Tomeu, mi Combray se llama Boquiñeni, pueblo aragonés de la ribera alta del Ebro que no tiene nada de especial, salvo que puede ser todo aquello que uno (o una) quiera que sea. Lo puedes llenar con lo que quieras y te puedes aburrir mortalmente o crearte un mundo propio en el que cualquier gesto o palabra te trae el recuerdo de otros o te prepara para nuevos descubrimientos. Cada año remuevo el tiempo pero temo que, esta vez, se me ha ido la mano y se ha producido una paradoja temporal con tantas idas y venidas adelante y atrás.
Muchas veces he dado la murga con mi afición por los viajes en el tiempo y quién sabe si la avería del avión que debía llevarnos a mi madre y a mí a Barcelona el 24 de julio de 2013 alteró el correcto discurrir del espacio-tiempo. La suspensión de aquel vuelo impidió conectar con el Ave a Zaragoza previsto para las 11 de la mañana. Llegamos tarde y hubo que coger un nuevo billete. Era mi primer viaje en Ave y todo sucedió el mismo día en que descarriló un tren de alta velocidad en Galicia. Aquel día, para más señas, Munar entró en la cárcel y su vida cambió. Demasiadas circunstancias cambiantes como para no relacionarlo todo con una alteración en el espacio tiempo.
Algo sucedió el 24 de julio de 2013, que modificó el devenir de los acontecimientos. Algunas consecuencias son de trascendencia pública, como que Bárcenas desapareciera de las portadas de los periódicos ante la tragedia de Galicia o que los medios locales tuvieran que informar, a la vez, de la suerte de Munar y del incendio en la Trapa, que se coló en los telediarios y en los medios de difusión estatal y también en el Heraldo y El Periódico de Aragón. Otras consecuencias son de ámbito privado, como que mi madre se fracturara un pie, ya de regreso,  y que eso me haya llevado a ocupaciones que no habría tenido de haber vuelto  al universo del que partí y no a uno alternativo.
Empezando a asomar la cabeza tras haber vivido encerrado en un paréntesis, los matices y claroscuros del periodismo son más que evidentes. Tanto en lo que cuentan los periódicos como en quienes los hacen. Anoto una novedad¸ que Pep María Aguiló (escritor de breverías y pequeñas historias que crecen mientras se van leyendo) publica ahora en DM. Tampoco eso era así cuando me metí en un paréntesis desde el que tuve ocasión de saludar a Cecilia, la ‘restauradora’ del Ecce Homo de Borja,  convertida  en  estrella mediática.
Tengo bastante claro que el periódico al que regresaré en unos dìas  no será el mismo del que me fui y que quienes nos dedicamos a esto del periodismo lloramos mucho pero, laboralmente, somos la mano de obra obediente que más interesa a un empresario en estos días de temores insuflados. Todo arranca (al menos eso era así antes de los acontecimientos que cambiaron su rumbo el 24 de julio) con la la obviedad esa convertida en una suerte de seña identitaria de que la profesión de periodista no es una profesión como las demás. Naturalmente que no lo es. Tampoco la de agricultor es una profesión como las demás. Del mismo modo que tampoco un electricista o un estibador portuario tienen una profesión como las demás. Ni la abogacía ni la medicina ni la enfermería son profesiones como las demás. Pero sólo quien se dedica al periodismo convierte una obviedad en un elemento trascendente. Desde el paréntesis se distingue claramente el error. Leyendo una monumental biografía de Goebbels, que he combinado con ‘Manual de socialismo y capitalismo para mujeres inteligentes’ de George Bernard Shaw, me doy cuenta de que si Hitler volviera hoy, la mayoría social reaccionaría como en la época de la Alemania nazi: mirando para otro lado. La gran diferencia es que, de vez en cuando, podríamos lanzar twits o mensajes de Facebook a las redes. La movilización de la época actual se ejerce, más que nada, a través de los dedos de la mano y ante una pantalla del ordenador. Agrupémonos todos en la tecla final.
En fin: llegado a este punto me temo que ya estoy más fuera que dentro del paréntesis. Sólo me queda prometer de forma solemne que seguiré buscando otros, sorteando de la manera que sea, el resto de palabras desagradables, números, mayúsculas (sobre todo si se unen para formar siglas, que son las palabras más molestas) o frases hechas que me vaya encontrando por ahí hasta hallar acomodo en un nuevo paréntesis. Y fin del rollo (o más o menos)

sábado, 29 de junio de 2013

El mundo en los días de Basilio (un periodismo peculiar)

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 Sólo un domingo de 1993 no se publicó en Baleares el artículo que Pedro J.  había escrito para la ocasión . Fue el primer domingo de Basilio Baltasar (Palma, 1955) en la dirección del periódico que, ese año, empezó a llamarse El Día del Mundo de Baleares. Se publicó el lunes en una página par. Los de coordinación con Madrid no entendían nada y fue la comidilla en la Redacción. ¿Pero que se ha creído éste  que se atreve a levantar la Carta del Director? Basilio Baltasar la  había ‘levantado’ (que es como se llama  en el periodismo escrito al hecho de retirar en el último momento una pieza que iba a  publicarse) para sustituirlo por su primer ‘óvalo’.
Llamábamos  ‘el óvalo’, o ‘los óvalos’ a las cartas a toda página que (a raíz  de aquella circunstancia )  Basilio Baltasar empezó a publicar   los sábados con sus peculiares análisis de la realidad. Eran textos a toda página que envolvían   una fotografía  o una ilustración enmarcada en una especie de óvalo. Recuerdo varias;  textos muy trabajados  que pretendían ser la denuncia o el aldabonazo  de la semana. Todo estaba muy cuidado, desde el titulo al párrafo final. Por ejemplo, un    ‘Yo acuso’ en que aprovechaba las mismas palabras que Zola utilizó en el ‘caso Dreyfus’, para cargar contra quienes, desde la clase política, no ponían trabas a la venta de tierras de Mallorca a extranjeros. Fue una de sus principales ‘apuestas informativas’  (que es como llamamos a las obsesiones en periodismo).

El primer artículo del nuevo director   no se publicó como ‘óvalo' sino con  formato de editorial. Era   27 de enero de 1993. Se titulaba  ‘En la Isla de las voces’, arrancaba en portada y empezaba así: “Yerra quien se precia de conocer el mundo. Yerra quien pretenda dominarlo. Se equivoca quien alberga ilusiones de poder perpetuo”.    Era el típico artículo (¡cuántos habré visto!) de inicio de nueva etapa y dedicado  a definir un  punto de partida y  enmarcar compromisos.  Un editorial en que también podía leerse lo siguiente: “Un atropellado exceso de marketing institucional ha confundido los valores de una sociedad que debe quererse a sí misma por encima de todas las cosas. La sociedad ha cedido, por abulia, indiferencia o ingenuidad, a abstractas instancias administrativas, voces, gestos, poder. Esta renuncia voluntaria (nuestra ha sido la culpa de esta flagrante omisión) ha permitido una Administración arrogante dispuesta a usurpar y concentrar competencias que una sociedad sana y justa debe recuperar, ejercer o disolver”.

Situémonos. Estamos hablando de 1993, los años de la bonanza, del todo vale, acabábamos de dejar los ochenta, hacía apenas diez años que Felipe gobernaba y el poder político autonómico de derechas  vivía cómodamente instalado después de una ‘modélica transición’ en la que, sí, habíamos estrenado libertad pero también habíamos heredado el  modo de operar de la dictadura. Veinte años después,  a  la vista de lo que ha venido luego y en plena era de agotamiento,  quizá aquel editorial de entonces  se entienda mejor hoy en estos tiempos de la sociedad indignada

Así, con estos mimbres y después de la ruptura de Rey Sol SA (la empresa de Barceló) con Información y Prensa, SA, que editaba Diario 16, nacía El Día del Mundo.  La empresa de Diario 16 reaccionó rápido. Un día antes de que saliera a la calle El Día del Mundo, ya estaba en los quioscos el nuevo  Diario 16 de Baleares que, con el tiempo,  dirigiría  Antonio Alemany.
 Fernando Reinlein, director adjunto de Diario 16, militar represaliado    por haber formado parte en 1974 de la Unión Militar Democrática (UMD),  aquel movimiento que emuló al de los 'capitanes de Abril' portugués  y a quien llamábamos ‘el capi’, fue  el artífice de aquella gesta. De la noche a la mañana consiguió sacar una edición que llevaba encartada un suplemento para las Islas. Al ‘Capi’  le  conocíamos bien en Palma. A él y a quienes,  como mi amigas  Mariló Suárez o Yolanda Garisoaín  vinieron con él para ‘Volver a empezar’, que fue como tituló su artículo el 26 de enero de 1993. ¡Qué recuerdos!

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Muchas veces he pensado en El Día del Mundo de Basilio Baltasar. Supongo que en la vorágine de medios de hoy en día, en la era de los tuits y retuits, de las informaciones inmediatas, de los  digitales  y de la precariedad laboral, no tendría posibilidad de supervivencia ya que un medio así no se entiende si no es de calidad y la calidad sólo se consigue con personal bien pagado. El Día del Mundo de Basilio Baltasar vendría a ser como esa idealizada , pero quizá inexistente,  La 2  de TVE a la que volvemos la mirada cuando queremos hacer una pausa pero que, únicamente,  puede existir de  la mano de otra. En aquel paréntesis, El Día del Mundo fue   un periódico ‘de autor’ alabado por personas tan diferentes como Joan Pericàs (Obra Completa, Sloper, Palma  2011), gran amigo que murió muy joven y que jugó un papel destacado  en el  proyecto,  o Miquel Segura , que  definió esa época  como ‘una de las etapas más libres del periódico’ (Francesc Gost, ‘Miquel Segura.La derrota i la mel’. Lleonard Muntaner, Editor, Palma 1999).

  Lo primero que hizo Basilio Baltasar cuando llegó al periódico fue decir que estaba de paso.  Tirando del ovillo de la Universidad y de la gestión de Nadal Batle alcanzó  a las vísperas de la caída de Cañellas; inicio una cruzada contra la venta de tierras  a capitales extranjeros y llenó sus páginas de ecologistas y ‘verdes’. Una vez, creo que de forma totalmente injustificada,  cargó contra el GOB  que es el referente del ecologismo balear. Vino con  una idea en la cabeza que, a la larga, terminaría por no ser compatible  ni con la propiedad del periódico en las Islas ni con el estilo más combativo que reclamaba  El Mundo en  Madrid. Se iba a la part forana de Mallorca, que es como llamamos en la Isla a los municipios que no son Palma,  a dar conferencias de presentación del periódico que dejaban sin habla a quienes lo escuchaban. Más que nada,  porque no le entendían. Recuerdo a un alcalde que, tras la presentación de rigor, dijo algo así como ‘Bueno, después de lo que ha dicho, tengo poco más que añadir’. Digamos que, con todos sus claroscuros,  tuvo algo de   Marqués de Esquilache intentando convencer a  la sociedad española del  1760  de   las ventajas de la Ilustración.  Recuerdo un titular que se le pasó en el periódico y que luego puso como ejemplo de lenguaje incorrecto: 'Rescatadas dos mujeres solas en una barca'. Explicaba que si hablábamos de dos,  y tratándose de mujeres, no cabía anotar 'solas'.   Años después, todavía  hay gente que llama El Día del Mundo a El Mundo de Baleares. 

martes, 11 de junio de 2013

Cañellas: "Yo no gobierno con periódicos"


No es habitual que un presidente balear reflexione largo y tendido sobre poder político y medios de comunicación. Gabriel Cañellas  lo hizo: el año anterior a su caída y  ante el congreso nacional de la Asociación de Editores Españoles que, en 1994, se celebró en Mallorca. Se admiten apuestas sobre quién redactó aquel largo discurso,  pero de lo que no cabe ninguna duda es que le sirvió  para dejar caer algunas de las claves personales que marcaron su mandato.  Por ejemplo: la diferencia  que establecía entre ‘opinión pública’ y 'opinión publicada'. Gabriel Cañellas, el mismo que una vez preguntó  a un periodista  ‘¿es que no sabes quién te paga?’, dijo ante el congreso de los editores que "los medios de comunicación son un buen vehículo para que la opinión pública pueda expresarse, pero sería una presunción y un peligro de totalitarismo querer identificar cada medio de comunicación con la opinión pública en mayúsculas”.
 Tenía razón pero, posiblemente,  no podía imaginar el primer presidente de Baleares que meses después iba a vivir su caída  en una suerte de aquelarre mediático en el  que no faltó nadie. Ni de Baleares ni de fuera de Baleares, ni medios escritos ni audiovisuales, ni los que le apoyaban contra viento y marea ni quienes  le cuestionaron en algún momento.  El día que  se cuente, con detalle, todo lo que pasó aquellas semanas   habrá que atender con especial interés lo que se oyó  en ‘las tertulias de radio’. Todavía no se habían popularizado las de la tele y nadie había oído hablar aún de las tedetés ni de sus voces desabridas pero ya se pudo comprobar (como luego iba a ocurrir en 1999, cuando el PP perdió el poder) que la falta de rigor y el desconocimiento de la realidad se impusieron sobre cualquier otra consideración. Pero aún había  que dejar pasar algún tiempo. Para entonces, cuando Cañellas habló ante patrones de las  principales empresas de comunicación de España,  Baleares vivía aún a  su ritmo y Cañellas, a finales de 1994,  todavía pudo decir:  “Aunque algunos no lo crean, yo también leo periódicos. Sin embargo, les de he confesar que no gobierno con ellos’.
¿Por qué cayó Cañellas y por qué los medios tuvieron un protagonismo tan destacado?

Al fin, Cañellas se va
 Yo, aun no trabajaba en Ultima Hora cuando leí aquel titular: ,"Al fin, Cañellas se va".
El 18 de julio de 1995, el diario Ultima Hora publicaba en su portada ese  titular a toda página. Aquel titular no era una primicia. En realidad, hacía ya varios días y varias semanas que estaba suficientemente claro que Gabriel Cañellas, presidente de la Comunidad Autónoma desde 1983 y que unos meses antes había ganado sus últimas elecciones, se iba. Lo sorprendente de aquel titular, con una coma impresa que nadie respetó al leer,  no era tanto que el presidente del Govern hubiera renunciado a su cargo, como las dos palabras mágicas que el periódico de mayor venta en las Islas utilizaba para enmarcar la noticia del día. Y del año. Y de la década: "Al fin".
Los titulares de los medios informativos escritos no son nunca inocentes ni gratuitos. Los titulares de los periódicos, sobre todo los que hacen referencia a grandes historias -y la dimisión de Gabriel Cañellas lo era- dicen más de lo que parecen significar a primera vista. Aquel "Al fin Cañellas se va" (ignoremos la coma) era más que un editorial. Era el reconocimiento oficial del final de una época. Tras ese grito de papel se escondía una liberación. Hacía años que todos los medios de comunicación de las Islas, y no sólo sus periodistas,  esperaban el momento de poder titular así, de poder gritar "Al fin".
En la España de 1995, el Partido Popular de José María Aznar se preparaba para ganar las elecciones que se celebrarían un año después. Durante mucho tiempo, el Partido Popular había puesto a Baleares y a Cañellas como modelo de gobierno. Después de la debacle de la UCD, en octubre del 82, y cuando nadie daba un duro de la época por él (ni siquiera en su propio partido)  se hizo con la presidencia del Gobierno Autónomo en las primeras elecciones. Y eso, que su primera experiencia en una carrera electoral democrática no había sido especialmente brillante:  ni  siquiera   logró ser elegido concejal. Aquel hombre que luego se convertiría en referente de toda una época acudía personalmente a los periódicos en su primera campaña en busca de una entrevista, en busca de su pedazo de papel. Quién le iba a decir que  tendría los medios  a sus pies. Y, sobre todo, quién le iba a decir que le despedirían diciéndole poco menos que ya era hora, vete ya.
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Durante los años que Cañellas presidió Baleares (1983-1995) muy poca gente en la cúpula nacional del partido dio importancia a las denuncias sobre corrupción que, de forrma más o menos espaciada, se colaban entre informaciones  condescendientes. Bastará recordar que a la vez que presidía la Comunidad Autónoma, de las Islas Baleares, era presidente de una fundación privada que también se llamaba Islas Baleares. Era la Fundació Illes Balears, financiada por hoteleros, cajas de ahorro,  proveedores y concesionarios del gobierno, grupos publicitarios y, lógicamente, los propietarios de los medios de comunicación, entre ellos El Día de Baleares. Precisamente, ese periódico que en 1981 fundaron , entre otros, el hotelero Barceló y el empresario ibicenco y dirigente del Partido Popular Abel Matutes  iba a representar un papel decisivo en la forzada dimisión de Cañellas. El Día, pese a las declaraciones de intenciones y a los principios fundacionales había nacido básicamente como periódico afín al Partido Popular, entonces  AP, y a los intereses económicos de sus fundadores. Los  llamados ' medios afines'  son los que finalmente terminan por poner en evidencia a quienes han creído defender. Tanto en Baleares como en el resto del Estado. Ha pasado antes y, seguramente, seguirá pasando.

Nadal Batle y El Día del Mundo
El Día, que desde 1993 salía a la calle con la cabecera El Día del Mundo  (por un acuerdo de coedición con la empresa editora de El Mundo que poco después daría paso a un cambio de acciones)  había iniciado una serie de informaciones sobre una de las instituciones intocables para la mayoría de los medios de comunicación: la Universidad y, más concretamente, sobre su equipo dirigente. Izquierda y derecha, el poder político y el poder económico balear, el Gobierno de derechas pero también la oposición socialista y, sobre todo, la nacionalista,  cerraban los ojos ante la gestión de un equipo rector dirigido por un nacionalista, Nadal Batle (Felanitx,1945-Palma, 1997) en la  que los negocios públicos y privados se confundían. Curiosamente, tanto el presidente arcaico de derechas (Cañellas) como el rector progre nacionalista aparentaban reírse mutuamente uno del otro. Aunque, en teoría poco les unía (si se exceptúa su origen mallorquín y que ambos representaban al poder), los dos tenían una batería de fieles dispuestos a regalarles los oídos. Los dos resultaban sumamente graciosos para sus seguidores  y todos  querían estar a bien con ellos.
Como otras tantas instituciones y particulares de las Islas, el equipo rector de la Universidad había recurrido a una agencia de valores, Brokerval, para dar rentabilidad a su dinero, es decir para especular. Brokerval no fue sino el anticipo balear del PP de lo que luego sería Gescartera y otros episodios que serían utilizados para facilitar la primera mayoría de Aznar.
 Vanagloriarse de las exclusivas parece que va con el sueldo de los periodistas. Posiblemente los cuatro periódicos de información general diaria que se publicaban entonces   en las Islas  estén convencidos  de que gracias a sus respectivas investigaciones  estalló el Caso Brokerval y  el Caso Túnel de Sóller que, poco después,  arrastraría al presidente balear. Lo que sí parece claro es que El Día (precisamente por ser el periódico de la derecha más identificada con el PP) jugó un papel relevante en los acontecimientos que llevaron a la caída de Cañellas y a que se perdiera el miedo a romper todo aquel entramado que aún depararía jugosos capítulos que todavía se están escribiendo en 2013.
Si en un primer momento la línea de El Día del Mundo, dirigido entonces por el editor Basilio Baltasar, fue centrar sus pesquisas en la universidad, su relación con la Caja de Ahorros de Baleares (cuya marca comercial es sa Nostra, "la nuestra", en mallorquín) y la comercialización de los ordenadores Mackintoshs, tras la marcha de éste,  la investigación se volvió con toda su intensidad hacia el PP. El periodista Joan Pericàs (1960-2010) dejó descrita  en un libro que sólo se publico tras su muerte (Obra Completa, Sloper, 2011) aquella época de ilusiones. Pericàs describe de forma admirable las sensaciones que se vivían en el  El Día del Mundo   cuando Basilio Baltasar consiguió, por un breve tiempo, crear  'un periódico de autor'  que nada tenía que ver con el que se fundó para defender los intereses de AP y con el  que años después pasaría a dirigir Eduardo Inda. El paréntesis de Basilio Baltasar merece un capítulo aparte de la crónica periodística, un capítulo  que  irá en línea con lo que dejó escrito Pericàs.
En aquella época, al periódico que estaba a punto de pasar a denominarse El Mundo-El Día de Baleares, le convenía un cambio de estrategia: Cañellas ya no vendía y, encima, era un obstáculo para el ascenso de Aznar a La Moncloa,  que se concretaría meses meses después aunque no con una mayoría tan amplia como la que imaginaban. A El Mundo de Pedro J.Ramirez -abanderado de la denuncia de la corrupción en los años del felipismo- le interesaba entonces denunciar algún caso de corrupción de la derecha y la red  organizada e institucionalizada desde el Partido Popular de Baleares estaba a punto de caramelo. Estaba claro entonces que Aznar quería predicar con el ejemplo y que antes de llegar a La Moncloa era preciso que rodara alguna cabeza.

Llega Fidalgo
Fue así como aquel hombre de Bunyola, que presumía de payés sin serlo y al que le gustaba pasar por ignorante (también sin serlo) se cruzó en el camino de  Aznar. Pero todo aquello, y lo que vino después, no se podía prever cuando Cañellas pontificaba ante los editores de prensa y daba lecciones sobre el papel de los medios. En 1995, Cañellas y su política -o su "no política" como siempre ha mantenido otro periodista que ha ejercido gran influencia en la sociedad mallorquina y que pasó de ser su consejero a su acérrimo enemigo, Antonio Alemany- habían comenzado a incomodar ya a sus máximos beneficiarios. Los tiempos estaban cambiando y la denuncia del caciquismo que, todavía en la primera mitad de los noventa del siglo XX seguía intacta, no podía quedarse atrás.
Todos los periódicos de las islas apostaron claramente por el cambio, por el relevo en la presidencia. Incluso El Día del Mundo.  Bien es cierto que, por entonces, parecía que la simple sustitución del fundador del partido iba a ser suficiente. Era la estrategia del PP y también de los grupos empresariales y los grupos de poder que habían empezado a ocupar las páginas de los periódicos por el caso Brokerval. En Baleares todos se conocen pero nadie tenía intención de tirar de la manta. Y menos de cambiar de manta. Era suficiente, en 1995, con darle la vuelta y que todo quedara en casa.
La llegada de un nuevo director al periódico  tuvo que ver mucho en en la "caída" de Cañellas. Luis F. Fidalgo, uno de los periodistas que acompañaron a Pedro J. Ramírez en el lanzamiento de El Mundo  (1989) fue decisiva para convertir el caso Brokerval, que se destapó en la etapa de Basilio Baltasar y sus informaciones sobre la Universidad, en una cuestión básicamente política que ponía en cuestión los cimientos del cañellismo. Las instrucciones con las que llegaba Fidalgo, las ganas de la Redacción de Baleares en trasladar a las Islas la estrategia estatal de El Mundo (el blindaje de la Banca March sobre Bon Sosec no se publicó claramente en letra de molde hasta que Fidalgo asumió la dirección;  la Banca March era una de las instituciones innombrales)  y el deseo de protagonismo de algún político del PP sirvieron para que unas informaciones que si bien eran conocidas en las Islas, sólo habían tenido difusión nacional a través del diario El País ("eres de El País, voy a poner cara de corrupto", decía Cañellas cuando veía a un fotógrafo de ese periódico, según ha contado su corresponsal en Baleares, Andreu Manresa), fueran de boca en boca en las tertulias radiofónicas. Diarios como El País,  El Periódico o La Vanguardia enviaron corresponsales especiales a Baleares y El Mundo de Pedro J. dio especial relevancia al caso de Baleares. Cuando en una sesión del Congreso,  González echó en cara al entonces líder de la oposición, José María Aznar, lo que pasaba en las Islas y  éste le respondió que actuaría con todas las consecuencias, estaba claro que Cañellas se había vuelto vulnerable. Hasta un exconseller de Cañellas  se fue a la Redacción de   El Día a contar que  ' lo  de Baleares'  se iba a investigar caíga quien caiga. Fue portada.
 A "los de Madrid" el caso Sóller y el caso Brokerval les parecía un filón. No entedían bien de que se trataba pero eran asuntos con los ingredientes de casos típicos de corrupcción tan en boga en la época. Toda la prensa entró al trapo. Para los medios más identificados con el Gobierno socialista, se trataba de poner en evidencia que allá donde gobernaba el PP, y pese al discurso regeneracionista de Aznar, la corrupción de los populares era igual o mayor que la de los socialistas. Para los medios que querían que Aznar fuera presidente, el caso balear debía ser utilizado como el definitivo trampolín. El candidato del PP tenía que cortar por lo sano y jubilar a Cañellas. Solo quedaba que un  Informe Semanal de la televisión pública, se ocupara del caso. El ciclo quedaba prácticamente cerrado.
   (Años después, lo que son las cosas, Cañellas optaría por ir a un programa de la Ser Mallorca para hablar de aquellos días en los que se vio forzado a dimitir. Y allí explicaría a Marisol Ramírez  que el principal reproche que le hizo Aznar fue que había perdido la batalla informativa. El mismo Cañellas que, en 1994,  presumía de gobernar sin periódicos. Otro presidente balear, 17 años después, también llegó al Gobierno con la idea de gobernar sin periódicos. Al menos con la idea de cambiar la relación entre poder político y medios de comunicación que habían mantenido Jaume Matas y Francesc Antich.  Se llamaba José Ramón Bauzá. Pero esa es otra historia)




miércoles, 22 de mayo de 2013

'Señoras y Señoras'

Se llamaba 'Señoras y Señoras'. Fue el primer programa feminista que pudo oirse en la radio de las Islas, allá por la segunda mitad de los años 70, antes de las primeras elecciones. Se emitió en Radio Mallorca, que estos días anda de cumpleaños. Estaba hecho por feministas como  Leonor Taboada, Jimena Jiménez, Malén Cirerol y otras más. Se hacían llamar 'Colectivo Pelvis'  y  dieron mucho que hablar esos años. Las cuñas publicitarias de aquel programa son hoy  inimaginables en estos tiempos de vuelta atrás en las costumbres. Lo patrocinaba una empresa de electrodomésticos, AEG, pero las creadoras del programa supieron ponerle imaginación y hallar complicidades en el mundo de la publicidad.   También eso forma parte de la historia, de esa historia que no hay que dejar perder en estos tiemposde mudanza y de cierre de cabeceras como la  del 'Balears' (continuador del 'Baleares') que hoy ha salido a la calle por última vez en su versión impresa. Radio Mallorca cumple años y el 'Baleares desaparece después de 74. Contrastes.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Regreso al planeta de los simios

Estamos en vísperas del cuerpo a cuerpo. Después de que un inmigrante sin tarjeta sanitaria muriera en Baleares de tuberculosis tras un laberíntico peregrinar por los servicios de salud de Mallorca, sólo cabe la intransigencia o la rebelión. O reconocemos de una vez que los monos ya están entre nosotros y les paramos los pies o ya sabemos qué nos espera cuando lleguemos a la playa. Primero nos engatusaron, se aprovecharon de nuestras debilidades y hasta les reímos las gracias. Sin darnos cuenta, y ante nuestras narices, empezaron a cambiar el sistema de arriba abajo. Pero ha llegado la hora de decir basta. Estamos a punto de culminar el viaje del astonauta Goeoge Taylor pero sin subirnos a una nave espacial. O nos levantamos y nos preparamos para el cuerpo a cuerpo o llegaremos a la playa y lo que veremos no nos gustará nada. Lo que tuvimos alguna vez será ya una ruina y sólo nos quedará agachar la cabeza y gritar 'Qué habéis hecho, os maldigo a todos'. Eso sí: Mirándonos al espejo.


viernes, 26 de abril de 2013

¿Es que no sabes quién te paga?


Éramos periodistas, íbamos a comernos el mundo y, pasada cierta hora de la tarde, también a bebérnoslo. A Mariló Suárez , que se sentaba a mi lado, la llamábamos 'la Praviana'. Posiblemente fue una ocurrencia de Jaime Jiménez que luego perduró. Además de reportera del 'Baleares', Mariló era la corresponsal del ‘Diario 16’. Siempre, en algún momento de la jornada, agarraba el auricular del teléfono, se ajustaba las gafas y le oía decir: “Un cobro revertido con Madrid, por favor”. Contactaba con una secretaria y dictaba sus crónicas. Años después, 'la Suárez', que también la llamaba así, publicó una biografía de Joaquín Almunia (‘Los secretos de Almunia’, Alba Editorial SL, Barcelona, 1998) y, mucho más tarde, un libro (‘Los Ortiz,’ La Esfera de los Libros, Madrid, 2006 ) sobre la familia de la princesa Letizia, asturiana como ella. Pero en 1984 aún faltaba mucho para todo eso.
Mariló no era entonces la única que, en aquel ‘Baleares’,  simultaneaba el periodismo local con una corresponsalía . También estaba Juan Pasarón, corresponsal de ‘El País’. Hasta yo fui corresponsal. Corresponsal del diario 'mas rojo' de España, el diario ‘Liberación’. Su vida fue breve. El primer número se publicó el 9 de octubre  de 1984 y el último el 20 de marzo del año siguiente. Editado por una cooperativa que había lanzado un 'manifiesto', se presentaba como 'el primer diario a la izquierda del país', un guiño claro para marcar distancias con el  periódico de Prisa que, para entonces aún no había incorporado el acento a la ‘i’ de su cabecera. Aquel periódico, tanto por la concepción del proyecto como por el espacio que pretendía ocupar, podría compararse a ‘La Marea’, de 2013 o a su antecesor de papel, ‘Público’.
La verdadera historia de ‘Liberación’ está contada en un libro (Liberación. Desolación de la utopía, Ediciones Libertarias, Madrid, 1985) escrito por Andrés Sorel,  presidente de aquella cooperativa, meses después del cerrojazo. Un libro que alude, incluso, a algo que como 'corresponsales'  vivimos muy de cerca en Mallorca: la llegada, por sorpresa, del coronel líbio Moammar El Gadhafi  en diciembre de 1984. Según me enteré por el libro de Sorel, mientras pasábamos nuestras crónicas sobre aquel insólito hecho acaecido en Mallorca (Gadafi, Felipe González y Bruno Kreisky reunidos sin previo aviso en Santa Ponça) , en ‘Liberación’ se estaba desarrollando una negociación de altura: una comisión de la cooperativa que lo editaba había viajado a Trípoli ¡en busca de un acuerdo de colaboración que  diera  garantías a  la supervivencia económica del proyecto! Naturalmente, no fue posible. Seguramente, el último número de ‘Liberación’ fue el más vendido y hubo lamentos sobre lo que suponía que 'se apagara una voz' en el universo de la prensa libre. Como es de rigor, conservo aquel último ejemplar en mi almacén de banderas rotas.
Pero entonces yo estaba en otra historia. Me había cruzado, informativamente hablando, con el primer gran caso de corrupción del Gobierno autónomo, el ‘caso Zeus y Torcal’. En resumen: presidente de Gobierno encarga a empresa familiar obras de reforma en dependencias de la Administración autonómica. Nada nuevo visto desde hoy. Ni que decir tiene que mis crónicas para ‘Liberación’ (sobre esa historia o sobre otras) siempre iban más allá de las que publicaba en el ‘Baleares’. Y eso que, en aquella época, la relación entre la empresa editora y el Consolat de la Mar (la sede de la Presidencia) no era especialmente buena. Aquel caso fue mi primera oportunidad para conocer de cerca los entresijos que marcan las relaciones entre medios y política.
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 Estaba ya en ‘El Día'  (no sé si  ya  era DÍa del Mundo o Día 16)  cuando me dijeron algo que quienes se han dedicado a todo esto han escuchado en algún momento y, casi siempre, en tono de amonestación. Son siete palabras que, generalmente, van entre signos de interrogación: “¿Es que no sabes quién te paga?” A mí me lo preguntó el presidente Gabriel Cañellas y lo hizo precedido de un añadido difícil de olvidar. La frase concreta fue “Cabrón, ¿es que no sabes quién te paga?” Bastará recordar (para enmarcar ese comentario) que Cañellas, a la vez que presidía la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares, era presidente de una fundación privada que, curiosamente, también se llamaba Islas Baleares. Era la Fundació Illes Balears, financiada por hoteleros, cajas de ahorro, proveedores y concesionarios del gobierno, grupos publicitarios y, lógicamente, los medios de comunicación; entre otros el medio para el que yo trabajaba. Aquel día, en el periódico, aparecía publicada una información sobre su Fundación y al president no le gustó.
En la segunda mitad de los ochenta, la primera filtración sobre el nacimiento de esa Fundación había partido del gabinete de prensa del Ejecutivo. Una prueba de página, con titular incluido, llegó por fax desde un medio de comunicación al Consolat y allí se dio el visto bueno a su publicación. Supongo que, por eso, el president se vio en la obligación de recordarme que el dueño del periódico, el hotelero Gabriel Barceló, era uno de los principales patronos de la Fundació Illes Balears.

Nunca he estado del lado de quienes han visto en el estilo del primer presidente de Baleares el de la persona que necesitaría ahora , en la época de presidente Bauzá, el PP balear para pacificar el partido. Siempre he desconfiado de esa imagen con la que se le quiere reivindicar como ‘regionalista’ pegado a la tierra y ‘presidente bonachón’. Cañellas, con el apoyo de quienes le sostuvieron entre 1983 y 1995, fue culpable solidario de todo lo que vino después. Baleares SA, expresión acuñada por Andreu Manresa y que luego llevó a un libro en que recopilaba sus crónicas (‘Baleares SA: lo ha dicho El País, Res Pública, 1998) nació con Cañellas y sólo cuando dejó la presidencia empezaron a darse las condiciones para que aquel entramado de intereses emergiera y fuera derrumbándose. También, a partir de ahí, se inició un ‘reposicionamiento’ de todos los medios de comunicación.  Pero los cascotes de la demolición de Baleares SA y de su filial mallorquina de contratas aún siguen trajinándose por los juzgados.

domingo, 21 de abril de 2013

El 'Baleares' (Primer apunte)

¿Por dónde empiezo? ¿Por la primera vez que entré a aquel piso del Paseo Mallorca y me vi  con Lorenzo Ripoll en un destartalado despacho? ¿Cuento que llevaba, en el bolsillo, un par de folios escritos a máquina que había redactado tras haber seguido una jornada de regatas? ¿Cuento lo que sentí tras ver publicado 'aquello? ¿O tengo que empezar por mis colaboraciones esporádicas con los sucesivos directores que fueron pasando en los últimos tiempos en que el diario 'Baleares' se editó bajo la cabecera de Medios de Comunicación Social del Estado? ¿O empiezo por aquel contrato que Heliodoro Muñoz (HM)  me hizo a mí y a otros dos niñatos cuando quedaban tres o cuatro meses para la subasta del periódico? ¿Tengo que empezar por aquel día en que, recién llegado, HM me encargó (nada menos) que un editorial porque no se fiaba de nadie más? ¿O tengo que optar  por la historia, recordar al gobernador Martín Plasencia y al dirigente del PSOE Emilio Alonso y contar cómo se gestó la compra del 'Baleares'? ¿Me quedo en Jaime Jiménez y recuerdo que 'por su culpa' me llaman Sandy? ¿Empiezo por aquella tarde que vine encantando de  haber hablado con  Ernesto Cardenal y Jaime Jiménez comenzó a llamarme 'sandinista'? ¿Hay que empezar por el  día en que Pedro Serra me envió con Pedro Prieto al puerto para  informar de  la llegada de un barco? Gracias a aquella' misión' supe de la existencia de unos tipos que se llamaban 'prácticos'? Claro que yo no me perdonaría hablar del 'Baleares' y no citar a Gabriel Ferret, una especie de figura  iniciática para tantas cosas. Gabriel Ferret, 'Sobral',(un ácrata imprescindible)  es un personaje fundamental en  mi entrada al  universo periodístico . En fin, no sé de qué manera daré forma a toda esta historia. Pero hoy no me queda más remedio que dejar constancia acelerada de todo aquello (incumpliendo ese consejo que me dio hace unos días Jordi Bayona de ser más ordenado y no publicar nada hasta que sepa lo que quiero contar) ya que, este domingo, se hace  oficial que el 'Baleares' dejará de publicarse como diario el próximo 22 de mayo. Y me  he sentido 'tocado'.

jueves, 11 de abril de 2013

Los años de Matas (y de Javier Mato)


(Nueva entrada de mi proyecto de algo sobre medios  que todavía no tengo claro)



La primera vez que el socialista Francesc Antich llegó al gobierno autonómico, lo hizo con la complicidad de la mayoría de periodistas que se encargaban entonces de la información política. Con independencia del posicionamiento de las empresas, los “informadores políticos” se mostraban, mayoritariamente y por razones diversas, claramente favorables al cambio. Sucedía, en cierto modo, lo que años atrás había ocurrido en la primera victoria electoral de Felipe González. El ambiente vivido en La Lonja durante  la proclamación de Antich –el 27 de julio de 1999, horas después de una toma de posesión anticipada para que el nuevo presidente recibiera al Rey- parecía entonces, difícilmente repetible. Existía una clara complicidad motivada, entre otras cuestiones, por la estrategia informativa de Jaume Matas y del que había sido su jefe de comunicación, Javier Mato, hoy dedicado a la formación de periodistas a través del centro Alberta Jiménez, asociado --  en un primer momento--  a la Universidad de las Islas.
Matas y Mato habían dejado demasiados cadáveres entre la profesión  para no esperar con interés el relevo. Tanto el del propio Govern, que suponía dejar paso a la alternancia política por primera vez en 16 años, como, por lo que se refería a la relación que iba a tener el nuevo poder con los medios de comunicación. La ceremonia de la Lonja representó un momento de ilusión y esperanza que ya no se volvió a dar, tampoco en 2007 cuando Antich volvió a la presidencia. Naturalmente hubo excepciones. Desde El Mundo, el periodista Antonio Alemany, que juega un papel fundamental a la hora de esbozar cualquier intento de análisis de la relación entre política y medios de comunicación, saludó aquella esperanza con un artículo titulado “Sosiéguense” en el que escribía que “la celebración multitudinaria por la venida del Mesías de la izquierda es un gesto de mal gusto”.
A los periodistas y a las empresas de comunicación les interesaba especialmente saber cómo se iba a resolver el relevo de Mato. El nuevo ejecutivo optó por dar rango de dirección general al área que hasta entonces había gestionado la mano derecha (o las dos, según se mire) de Matas. Le sustituyó Jordi Bayona que para entonces se encargaba de la dirección del Club DM, el foro de debate del Diario de Mallorca y que antes había sido jefe de prensa del PSOE balear cuando Joan March fue secretario general.

El descubridor de su antecesor, de Javier Mato, no había sido, sin embargo, el luego ministro de Medio Ambiente. El  primero en fijarse en Javier Mato fue Alejandro Forcades,  conseller de Hacienda cuando Gabriel Cañellas presidía aún el Govern.
Forcades aparecía como un extraño personaje, una persona muy peculiar, alguien que no se sabía qué pintaba exactamente en el universo del PP, si se exceptúa su relación, desde pequeño, con Cañellas. Alejandro era hermano de otro Forcades, Juan. En los años duros del cañellismo Juan Forcades actuó como máximo responsable en Mallorca del PP insular y, a su vez –con  su hermano de conseller-, fue presidente de la Caja de Ahorros. Los dos Forcades se granjearon enemigos importantes. Juan Forcades aún prestaría unos meses después un último favor a Cañellas al aceptar ser su candidato en el congreso tras un frustrado intento para que lo fuera  Catalina Cirer. Alejandro Forcades, por su peculiar forma de ser, logró atraerse simpatías entre periodistas, sobre todo entre los más jóvenes. El conseller era un buen conversador, leía y, cuando se ganaba su confianza (lo que era difícil; por ejemplo, imponía el usted en las conversaciones, era muy reservado y arrastraba historias familiares profundas), era capaz de dar una visión nada ortodoxa de los políticos que le acompañaban. Incluso de Matas, que comenzó de director general de Presupuestos (una idea de Cañellas)  y luego le sustituyó como conseller de Hacienda. Forcades también mantenía opiniones críticas hacia su antecesor, Cristòfol Soler. Alejandro Forcades fue conseller entre dos personas (Soler y Matas) que luego llegarían a presidentes.
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Alejandro Forcades fue el primero en darse cuenta de la necesidad de contar con un jefe de comunicación, o un propagandista, al margen del gabinete de prensa del Govern, por entonces –en la época de Cañellas- muy menguado si se compara con lo que vino después. El conseller se dio cuenta de la necesidad de contar con alguien de su confianza y que conociera a los medios, les contactara  y tradujera sus ideas, tras un acto con responsables de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (Caeb). "Necesitaríamos a alguien así, un asesor de prensa”, le comentó a un director general. Así llegó Mato a Hacienda. Forcades defendió su contratación a capa y espada. Y fue a una comisión del Parlament a argumentarlo. El conseller Forcades, y todos los que alguna vez han trabajado con él coinciden:  era un jefe duro, lleno de manías y que exigía máxima lealtad. Lo cierto es que de esa conselleria, de la de Forcades en Hacienda, surgieron un grupo de políticos que luego harían carrera: desde el propio Matas a otras dos personas que serían nombrados consellers con el PP: Antoni Rami y Manuel Ferrer.
Relevado Forcades por Matas, Mato siguió con el nuevo conseller y con él permanecería también unos meses en el Ministerio  al que le acompañó tras pasar previamente por Nimbus, la agencia de publicidad que –directamente y a través de filiales- sirvió al PP y a Matas para sus estrategias. El principal mérito de Mato, cargando con su fama de gran trabajador y rastreador de papeles (en el DM sacaba ‘primeras’ de boletines oficiales que entonces nadie leía) fue convertir a Matas en una fotografía. La campaña electoral de Matas en 1999 es (casi) obra única y exclusiva de Javier Mato. No terminó demasiado bien con el hoy multiimputado pero se las ingenió para marcharse sin hacer ruido.
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Recuerdo una conversación con Mato, en los pasillos del Parlament, durante la primera presidencia de Matas. Hablábamos de la estrategia del president de dar publicidad a todo lo  que hacía, de los viajes, de lo que empezaba a parecer un claro objetivo de acoso -por no decir 'compra'- de los medios de comunicación. El me dijo que no habían inventado nada y que eso es lo que hacía Jordi Pujol en Catalunya. Efectivamente, así era. Luego, cuando Antich sustituyó a Matas, lejos de parar aquella estrategia, fue en aumento. Visto de lejos, seguramente, el primer Govern del Pacte, pudo haber prescindido de esa manera de actuar o -al menos- rebajarla considerablemente. Antich -ya se ha dicho- había llegado   a la Presidencia con la 'complicidad' de la mayoría de  periodistas y (pasados los primeros momentos de 'duda') los medios se adaptaron facilmente a los nuevos tiempos. Pero se ve que en política y periodismo siempre se tropieza dos veces en la misma piedra.


Han pasado bastantes años desde entonces. El Gobierno de Baleares lo preside en 2013  el farmacéutico José Ramón Bauza y , de todos los presidentes que han pasado por el Consolat de Mar,  es el único que ha intentado romper el modo de relacionarse con los medios. Los cuatro presidentes anteriores –incluido Soler, El Breve- se dieron cuenta de la importancia de esta relación. Cañellas, que terminaría vencido por los medios, reflexionó en público sobre su papel. Como fue el más longevo en la presidencia le dio tiempo a calibrar su poder real y hallar el modo de torear a la 'opinión publicada' (la ocurrencia de distinguir opinión pública de opinión publicada es de Felipe González); Cristófol Soler, al que no le dio tiempo a hacer nada, intentó seducir a los opinadores. Lo consiguió en parte aunque a la hora de buscar apoyos, recurrió a plumas que estaban a años luz del PP y se olvido de los articulistas “de derechas”. Además, con la  vitola de nacionalista con la que intentó pasar a la historia, lo que logró fue precipitar su caída (.......)
Matas, gracias a Mato, se aprovecho hasta el máximo la irrupción de las nuevas tecnologías, principalmente los audiovisuales, y gobernó más para los medios de comunicación (o para la proyección pública de sus actuaciones) que para el día a día. Los periodistas, los “curritos”, acabaron hartos de esa estrategia. La etapa de Matas es la de los viajes, de los viajes pagados. Las comitivas oficiales incluían a periodistas que luego ‘contaban’ lo que pasaba. Y no sólo eso: mediante un programa de difusión de nuevas tecnologías, desde la Presidencia balear se endosó a cada uno de los medios locales una terminal de ordenador para ir explorando lo que estaba a punto de ser el futuro, y que hoy es presente: Internet.