sábado, 26 de enero de 2013

Metáforas

Aunque la tarde  anterior haya diluviado, el viento te haya dejado el paraguas del revés un par de veces o el frío te haya impedido sacar las manos de los bolsillos, incluso para decir basta, siempre hay una mañana después. Una mañana  que puede ser  viernes (o  sábado)  y preludio de un día soleado que te ayuda a ver las cosas de otra manera. Cuando ya nada nos queda personalmente exaltante (Celaya), o te vas haciendo mayor, tiendes a fijarte en las pequeñas cosas (amanece y hace sol, las aguas vuelven a su cauce)  y decides  verlo todo como si fueran metáforas, a ser posible de buenos augurios. Pasa un coche a todo gas, levanta el agua del charco y no te moja. Buena señal, te dices. Toda una metáfora. Hace ya algún tiempo  (posiblemente desde antes de que empezara 2013) que me ha dado por coleccionar  las metáforas con las que me tropiezo por la calle.  Han dejado de interesarme asuntos que antes me ocupaban (posiblemente eso es  una metáfora de algo) y  he aprendido a ignorar a quienes nada me aportan (supongo que también eso es otra metáfora). Como una hormiguita, recojo  todo lo que veo por ahí y lo guardo por si un día me hace falta. Por ejemplo, para acabar este ‘Arcoiris’. Las metáforas nunca fallan.
 (Ultima Hora, 26 de enero)

domingo, 30 de diciembre de 2012

2013, El año del rearme


Una fecha cualquiera, un momento preciso. El 14 de mayo de 2012, por ejemplo. Aquel día me pasé toda la tarde probando mi nueva adquisición: una máquina de rellenar cigarrillos. De otro modo, el 14 de mayo de 2012 podría haber pasado a la historia como el día en que la presidenta de un viejo partido político que marcó el devenir político de las Islas se sentó por primera vez en el banquillo. Pero para mí, fue el día en que compré un artilugio con forma de grapadora y que servía para meter tabaco en cigarrillos que se venden vacíos. Aquel día de este año que ya se acaba, caí en la cuenta de que los tiempos estaban cambiando. Había empezado a comprar tabaco de liar como tantos otros mortales. Soy consciente de que he tenido mucha más suerte que decenas y decenas de amigas y amigos . Y , desde luego, muchísima más que la mayoría de personas que este año han tenido que adaptarse a una nueva realidad. Este año, y también el anterior, nos ha servido para presenciar algo que sólo habíamos imaginado a través de fábulas futuristas: hemos visto cómo un sistema se desmorona sin que sepamos qué vendrá después.
Este 2012, como ya empezó a ocurrir el 2011, nos han intentado domesticar. Han pretendido meternos miedo en el cuerpo. Nos hablaban de un rescate cuando querían decir que nos tomaban como rehenes. Nos han dicho que todo lo que habíamos vivido, y hasta bebido o soñado, era mentira. Veo a mucha gente resignada (a mucha, a mucha y a mucha) pero, también, veo a gente que no se resigna. Y que cada día se levanta con la idea de que todo cambiará. Cuando ya nada nos queda, personalmente exaltante (Celaya), más se palpita y se sigue más acá de la conciencia. Y hoy, que pasó revista a este año que termina, miro a mi alrededor y veo que tengo un ramillete de personas próximas (algunas descubiertas gracias a la redes sociales) que forman parte de ese selecto grupo que está aprendiendo a reinventarse cada día. Ayer me encontré a una gran periodista, a la que echaron de su periódico (de la misma empresa que a mí me paga) y que ha montado una web para dar voz a los movimientos sociales. Me contó que ha hecho de comercial, que, incluso, ha vendido lotería por teléfono. Y podría hablar de otros amigos y amigas que han montado bares, que han vuelto al instituto o las clases, que han intentado dar vida a nuevos proyectos, que siguen defendiendo los mismos ideales que cuando tenía nómina, que han reforzado sus compromisos aunque sigan buscando qué hacer a partir de ahora y que se siguen levantando cada día para construir un futuro más prometedor.
Este año nos ha cambiado. Hemos pasado por momentos buenos y por momentos malos. Estamos aprendiendo a verlo todo de otra manera. Yo mismo me inventé un coraza para estos tiempos se desasosiego, la llamé Blogquiñeni y ahí me refugio cuando tengo necesidad. Los mejores viajes son a nuestro interior y, si además, los podemos compartir son una odisea. Me veo capaz de entender el lenguaje de los gatos y cada vez me interesan más las pequeñas cosas. Me gusta admirar a la gente que lo merece y he aprendido a ignorar a quienes no me aportan nada. Por eso me veo con fuerzas para enviar un mensaje colectivo de confianza en el nuevo año a todas las personas que significan algo para mí. Feliz año y gracias por estar ahí. Ahora sé que 2013 será el año del rearme. Que buena falta nos hace.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Calahorra

Estoy dedicando el final de año a  sorprenderme a mí mismo. La noche del jueves, sin ir más lejos, daban El Cid por La 1. Y yo me la puse en versión original. Qué sensación oír a  Charlton Heston encarándose con el rey de Aragón y retándole, en correcto inglés, a que dijera públicamente «de quien es ahora Calahorra». En realidad, el Cid, pronunciaba ‘Calahora’, suavizando la ‘r’,  pero la lucha soberanista por Calahorra, en estos tiempos que corren y en inglés, me parece de lo más extraordinario que he presenciado en estos últimos días de año. Volveré a repetir esta experiencia impagable.  También me sorprendí, el otro día, intentando descifrar el lenguaje de los gatos. Me quedé extasiado viendo como la gatita  observaba, al otro lado de la ventana, a un gato callejero que maullaba. Y qué decir de su hermano  gato. Trato de explicarle que cuando me mira con los ojos muy abiertos, como asustado o sorprendido, me recuerda mucho  a un conseller del actual Govern. Abriré un cuaderno sobre el comportamiento humano de los gatos. Con todo, lo que más me ha sorprendido a mí mismo es las veces que he leído una crónica periodística sobre la muerte de la cigüeña  Max, que portó a lo largo de su vida un localizador para describir la ruta de las aves migratorias. Intuyo que mis prioridades están cambiando.

(Arcoiris, 29 de diciembre 2011)

viernes, 9 de noviembre de 2012

La huelga de 'El País'

Estoy más bien triste. A finales de los 70, e incluso en los 80, una huelga como la de "El País", hubiera sido un éxito. La lucha del personal por el reconocimiento de sus derechos se hubiera  notado en la calle: nuestro periódico de papel  ('El País' siempre fue nuestro) no habría salido a la calle. Todo ha cambiado mucho: la era de los digitales y las nuevas tecnologías anula el efecto práctico de las huelgas. Muchas de mis amistades ni siquiera se han enterado de que 'El País' estaba en huelga. Se han metido en internet han ojeado los titulares del diario de papel sin reparar en la protesta. Me duele decirlo. No pintamos nada.

jueves, 13 de septiembre de 2012